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Modus Vivendi: Paul Auster y Sophie Calle, la conjunción perfecta.

Sophe Calle


MODUS VIVENDI: Sophie Calle y  Paul Auster en concierto

Sientes la brisa de finales de mayo en el cuerpo mientras caminas por Barcelona,  Ramblas abajo hacia el Palau de la Virreina para ver la exposición Modus Vivendi de Sophie Calle.  Las ideas estallan en tu cabeza: el doble, el performer, el actor, el escritor, pero todo ello para ti tiene un denominador común: Auster/Calle. No recuerdas haber leído en internet que haya nada expuesto sobre la estrecha y entrañable relación entre el escritor neoyorkino y la conceptualista francesa, pero en el fondo de tu ser quieres creer que encontrarás algo sobre la obra en común pues la relación entre ellos es realmente extraordinaria.

Barcelona es una fiesta de sonidos, colores, olores, razas y culturas y te dices que ya no es tan diferente de París, de Berlín, Madrid o New York.  La Gran Manzana y Paul Auster, la Tour Eiffel y Sophie Calle. Hay autores que amalgaman su forma de vivir y su obra, su biografía y su arte. Estos artistas existen en una especial relación con “el otro” y no pueden dejar de habitar su entorno ni de relacionarse con las personas que los rodean; llámense éstos doppelgängers, dobles, o simplemente “los otros”. Y es que el fantasma del doble siempre ha acechado la literatura y la mitología occidental desde el mito griego de Narciso, pasando por tantos dobles como el Wakefield de Hawthorne, los célebres Dr. Jekyll y Mr Hyde o los dobles góticos de Lord Byron, culminando con la obra postmodernista de muchos autores, entre ellos, Paul Auster y Sophie Calle.

Has leído la introducción de Agustin Pérez Rubio,  comisario de la exposición de Calle que dice que ésta se caracteriza por la naturaleza retrospectiva de una obra, que aunque creada en primera persona, tiene siempre implícita su relación con el otro, con los otros y que su búsqueda de la belleza y del arte no se entendería sin una estrecha relación con los de fuera, los espectadores que muchas veces son mucho más que tan sólo éso.

Te das cuenta que tú también – mientras piensas – te estás dirigiendo a ti misma como si fueras otra: te hablas y te contestas.  Tal vez lo hagamos todos y desde que Freud desvelara su teoría del psicoanálisis asumimos que el lector/actor percibe todos los acontecimientos externos a través de la perspectiva del protagonista como meras proyecciones de la psiquis del personaje o del autor. Y autores somos todos, desde que perpetuamente nos contamos nuestra propia historia. ¿O no?

La búsqueda de la identidad ha sido crucial para el artista postmoderno, y en este sentido Paul Auster y Sophie Calle son emblemáticos. En una entrevista para The Guardian y explicando lo que él siente cuando crea un personaje recuerdas que Auster comentó: “es cuestión de habitar el personaje como un actor habita su papel. Es como oír la música en tu cabeza e intentar escribirla en la página.” La obra principal de Sophie Calle es performativa y por lo tanto su forma de plasmarla es habitando un personaje, un personaje que no es tan solo ella sino uno de sus muchos yo.

Subes las escaleras del Palau y entras en la exposición sin dejar de asombrarte con la perspectiva de visitar tantas salas dedicadas a la obra de Sophie Calle, desde 1986 hasta 2013: Los Ciegos, 1986; La última Imagen, 2010; Ver el Mar, 2011; Autobiografías, 1988-2013 y muchas más hasta completar 18 salas.

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Detalle de la exposición

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Detalle de la exposición

Las recorres todas y te asombras una vez más y si cabe más profundamente. Sin embargo, nada encuentras sobre la temprana colaboración que tuvo Sophie Calle con Paul Auster y que probablemente comenzó años antes de los que figuran en las fechas de las obras publicadas: Leviathan, de Paul Auster en 1992 y Double Game, de Sophie Calle en 1999.  Es entonces que te das cuenta que durante todos esos años los dos artistas  han estado jugando su doble juego como se titula el libro Sophie Calle o mejor dicho múltiples juegos, como tú sabes que han estado jugando. Y te preguntas si por ello se llama Sophie uno de los más emblemáticos personajes de Auster y hasta su propia hija.

  Ghosts / Leviathan

Double Game – Publicado en 1999 y 2007 Viollete Editions

Paul Auster

Double Game

Probablemente todo empezara en la década de los 80. Sophie Calle – así lo cuenta en su libro – dedicaba tiempo, entre muchos otros proyectos, a seguir a personas aleatorias para satisfacer su curiosidad (El Detective). Al llegar a su casa por la noche, Sophie escribía notas sobre lo experimentado durante el día. En abril de 1981 aún fue más lejos y le pidió a su madre que contratara a un detective para que la siguiera a ella y anotara todo lo que ella hacía mientras seguía a su vez a la tercera persona elegida. De esta forma sabría cómo se veía ella como detective por un detective profesional.

En otra ocasión su proyecto fue trabajar como stripper (El Striptease) y que un amigo la fotografiara mientras hacia su striptease en una sala pública, no para mostrar las fotos a nadie sino para verse ella misma – para verse como la veían los otros – para verse como “la otra”.

Sophie Calle en perforance

Sophie Calle en performance

Es muy probable que Paul Auster siguiera su trayectoria con interés pues en 1987 uno de sus personajes en Ghosts (Fantasmas) hace algo muy parecido. Azul es contratado por Blanco para seguir a Negro y anotar cada día en un libro todo lo que Negro hace. Para ello, Azul alquila un piso en frente del de Negro al cual puede vigilar desde su ventana a través de la calle Orange. Resulta que Negro pasa las horas escribiendo en un libro frente a su ventana, por lo que Azul hace lo mismo: observa a Negro y escribe en un libro frente a su propia ventana.  La imagen es la del otro en el espejo, o la del doble y no difiere en nada en lo que Calle hacía en 1981, máxime cuando Azul descubre que Blanco y Negro son la misma persona. Es decir, lo había contratado para que lo siguiera y le informara sobre sí mismo.

Años más tarde, en 1992, cuando Paul Auster escribe Leviathan le pide permiso a Sophie Calle para utilizar pasajes de su vida y dar vida a un personaje que llamó María Turner. Calle concede el permiso y es así que en los créditos de la novela Auster escribe: el autor agradece especialmente a Sophie Calle por permitir que mezclara realidad con ficción.

Paul Auster no sólo reproduce casi exactamente varios pasajes y acciones performáticas de la vida de Sophie Calle como si fueran de María Turner, sino que además inventa para María algunas otras excentricidades como la de una dieta cromática para cada día de la semana o la de vivir bajo una letra del alfabeto durante todo un día completo efectuando únicamente acciones que comenzaran por dicha letra.

Todo con la letra W

Cuando Sophie Calle lee Leviathan decide primero corregir en rojo los pasajes que no coinciden exactamente con su vida y luego hacer suyas las nuevas acciones inventadas por Auster para María para que ahora fueran también de Sophie. Es así que vuelve a realizar estas acciones en París y a recogerlas en el libro que llamó Double Game o Doble Juego..

En su libro Sophie Calle incluye sus correcciones a bolígrafo rojo sobre las páginas de Leviathan..

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Del libro Double Game

A su vez relata cómo realizó la dieta cromática inventada para María por Auster o los días vividos bajo una única letra del alfabeto – los únicos dos proyectos que no eran originariamente suyos. De esta manera Sophie no solo re-escribe la obra de Auster sino que lo involucra más profundamente en su propia obra, pues le pide permiso a Auster para esta vez: mezclar la ficción con la realidad.

Dieta Cromática para el lunes y el martes:

Ya que Auster le había dado libre el domingo a María, Sophie inventó su propia dieta cromática para ese día combinando todos los colores.

Al acabar toda esta serie de nuevas acciones performáticas, Calle decide dar un paso más lejos y como explica en el tercer capítulo de Double Game:

Una de las muchas formas de mezclar la realidad con la ficción, o cómo intentar convertirse en un personaje de novela será el siguiente: ya que en Leviathan Auster utilizó mi Yo como tema, imaginé cambiar los papeles y tomarlo a él como autor de mis acciones. Le pedí que inventara un personaje ficticio al cual yo intentaría asemejarme en mi vida real. Estaba de hecho invitando a Paul Auster a hacer conmigo lo que quisiera por un período de hasta un año. Auster objetó que él no podía hacerse responsable de lo que me pudiera suceder cuando actuara según su guión. Prefirió enviarme unas “Instrucciones Personales para SC para Mejorar la Vida en New York City (porque ella me lo solicitó…)” Yo seguí sus instrucciones y este proyecto se titula Gotham Handbook.

Para cumplir con las instrucciones Sophie Calle eligió una cabina telefónica en New York, la adecentó, le puso flores y colgó carteles animando a los peatones a interactuar con ella y durante un mes entero fue tomando notas de todos estos intercambios con neoyorkinos, indigentes, turistas o cualquiera que quisiera intervenir. Se sentó en una silla delante de la cabina durante todo un mes y escribió sus conclusiones en Gotham Handbook, el cual también recoge en Double Game.

Cabina de teléfono en New York

Sophie Calle delande de a Cabina en New York

Vuelves a detenerte mentalmente en la increíble conexión entre los dos artistas mientras recorres las salas según indica el folleto del Palau de la Virreina, desde la 1 hasta la 18 y sin embargo, sigues sin encontrar ni un solo vestigio de su obra en ninguna de las salas, ni tan siquiera en el largo reportaje filmado, pero no puedes dejar de sentir que allí, implícito en todo lo que ves, está Paul Auster, tímidamente escondido, como suele aparecerse a los demás.

Recuerdas que ciertos autores describen la obra conceptual de Maria/Calle como “autoficción”; una especie de práctica artística donde los implicados crean personalidades o identidades para ellos mismos sin por ello perder la propia. De alguna manera crean conscientemente al “otro” y lo dramatizan para como en el caso de Calle y de Blanco/Negro (personajes de Ghosts) observarse a sí mismos o pagar para ser observados. De esta forma creador, actor y espectador se funden en uno – en este caso en el artista total. .

También te das cuenta que – si como crees firmemente – la  obra y la vida de Paul Auster pueden considerarse dos lados de la misma banda de Moebius, al editar Leviathan con sus correcciones en rojo y sus extensiones de las acciones de María, Calle no solo re-escribe la obra de Auster sino que también se transforma en coautora de su vida. Entre los dos artistas hay una relación que borra los límites entre realidad y ficción hasta el punto de cuestionar la autoficción y la propia autoría.

Crees recordar que fue Evija Trofimova que escribió que Baudrillard opina que seguir los pasos de alguien, aún en el caso de no informar a nadie sobre sus actividades, es en sí misma una agresión, comparada con la cual hasta el asesinato puede considerarse una sutileza; pues seguir los pasos de alguien es una forma de borrar sus huellas, y nadie puede vivir sin dejar siquiera un rastro. En este sentido tanto Auster como Calle son asesinos postmodernos y poderosos destructores en su búsqueda de identidad. No obstante, sabes que primero hay que destruir para volver a crear. Cuando Calle invade las páginas de Leviathan y borra algunas de sus líneas y las remplaza por otras, está borrando las huellas de Paul Auster. Muy probablemente el comentario de Baudrillard sobre la habilidad de Calle para robar esas huellas después de haberse perdido en ellas es relevante para describir el devenir de los distintos destinos de las búsquedas emprendidas por los pseudo-detectives de Auster y los acosadores de Calle.

Los proyectos artísticos muchas veces se basan en actos que surgen accidental o casualmente – Paul Auster es un maestro en el tema – y te dices que es muy probable que tanto el escritor americano como la conceptualista francesa permitan que sus prácticas creativas dancen a la música de esta misma realidad estética.  Calle, artista conceptual, deja que la vida con sus giros inesperados marque el camino de su creación artística y Auster reiteradamente se refiere al azar como lo inefable que determina tanto su vida como su obra. Entonces no puedes evitar pensar en que Jorge Luis Borges ya había escrito que probablemente nos rodee un secreto cosmos y no un laberinto, que hayamos perdido el hilo de la fábula que nos salve de ese caos azaroso y que tan solo nos quede el hermoso deber de creer que hay un laberinto y un hilo en alguna parte, que tal vez solo encontremos en un acto de fe.

Con ese acto de fe en mente sales del Palau de la Virreina segura de que en la próxima exposición de Sophie Calle te encontrarás con Paul Auster y volverás a oírle hablar sobre la música del azar pero esta vez en concierto con Sophie.

Paul Auster
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“Análisis de Metáforas” sobre Jorge Luis Borges.

Jorge Luis Borges

Este estudio – en inglés y parte de una tesis – es sobre el azaroso y rocambolesco devenir de un otrora inédito artículo de Jorge Luis Borges   “Exámenes de Metáforas”

y su entrelazamiento con la mecánica cuántica, como tanto en la obra 

del escritor argentino. 

Myriam M. Mercader

We could cite many examples of similarities between Borges’ work and Science or specifically Quantum Mechanics and Parallel Worlds Theory, though reality once more has overruled literature in the case I will immediately discuss below.

I have recently come across an old newspaper article in ABC Madrid Cultural, 25-09-92, where Eduardo García de Enterría in ‘Peregrinación de un Manuscrito’ explains why he decided to publish a then unedited article by Borges, ’Examen de metáforas.’  As I did not recall any data on the fact, I immediately decided to research on the matter. It is then and there that the many parallel universes of Borges’ started to appear or be created in the course of my research.

First, in the mentioned article in ‘Peregrinación de un Manuscrito,’ García de Enterría justifies the novelty of Borges’ essay on the metaphor studying two previous articles by Borges. The first (with the same name) had been pubished in Alfar, (1924) and then in Inquisiciones (1925, 65-73)); the second in Cosmópolis (1921) with the name ‘La Metáfora.’ After comparing them, Enterría comes to the conclusion they are substantially different from the manuscript he is publishing in ABC because the text in Cosmópolis was cited in Rodriguez Monegal’s Borges. Una biografía literaria (1987) as “predicando lo que sus nuevos poemas predicaban,” and: “en el texto que ahora se publica hay todo un párrafo explícitamente condenatorio a esa “secta contemporánea de versificadores” a que él pertenecía en 1921” (ABC, 15). Furthermore, Enterría explains that, when authorizing the recompilation of his completed works, Borges decided to keep his three first books of essays off print (Inquisiciones (1925), El Tamaño de mi Esperanza (1926) and El Idioma de los Argentinos, 1928) because he rejected most of what he had there written. Moreover, we read in ABC that: “cotejados uno y otro texto, carecen de cualquier relación directa y apenas un mismo número de los ejemplos de metáforas estudiados son los mismos” (15). Therefore, García de Enterría decides this lost manuscript was an enirely new essay with:” la fluidez, la gracia y la eficacia sorprendente de su prosa, la agudeza de sus análisis, todo lo que ha hecho su gloria literaria están aquí plenamente presente” (15).   

Second, in ‘Borges: “Examen de metáforas,” edición crítica y anotada’ (2005), Carlos García analyzes the same article in ABC and concludes that Enterría was wrong when he argued that it was a different version which nothing had to do with Inquisiciones. Contrarily, Carlos García states that its precursor (so to say) was a previous article which appeared in Cosmópolis (1921) with the title: ‘La Metáfora:’

A pesar de la identidad de títulos, que suscita o favorece la confusión, no es ese trabajo de Alfar / Inquisiciones, como quiere Enterría, la fuente del que se reproduce y comenta a continuación. El artículo en cuestión se remonta, como se verá, a «Apuntaciones críticas: La me-táfora» (Cosmópolis 35, Madrid, noviembre de 1921, 395-402; TR 114-120), al cual, sin embargo, corrige de manera decisiva. (200)

I find this last quotation very clarifying concerning García’s confusion, as we have quoted Enterría when he states than none of the articles had direct relation with the one he was then publishing in ABC.

Third, I found the article in Cosmópolis,‘ La Metáfora’ (which García connects with the one in ABC) published in Jorge Luis Borges Textos Recobrados 1919-1929, but with an annotation that Borges had written another two similar articles on the matter: the one in Inquisiciones, which both Enterría and García had mentioned and which was first published in Alfar in 1924 and another one, paradoxically entitled: ‘Otra vez la metáfora’ (a new one this time) which appeared in the third excluded book by Borges: El Idioma de los Argentinos, in 1928.

Finally, I should add here that Carlos García, though confused on Enterría’s belief, has very thoroughly come to the conclusion the manuscript had been written by Borges at the end of 1923:

El manuscrito representa, pues, un estadio intermedio, surgido entre octubre de 1923 y marzo de 1924 (me inclino por fines de 1923); es decir, fue redactado entre Ginebra y Madrid, seguramente con intención de publicarlo en la Península (200)

After some confusing couple of hours going back and forth in all the above mentioned books (as well as in various other related articles), I realized I was confronting the creation of parallel worlds in Borges, where different versions of the article about the metaphor were instantly appearing. Up to the moment, not three versions (as all of the critics mentioned above had come to sum up, though each of them considering different series) but four, namely, the first in Cosmópolis (1921), the second written in the late 1923, as concluded García and published in ABC in 2005, the third in Allfar, in 1924 and published in Inquisiciones in 1925, and the fourth in El Idioma de los Argentinos in 1928. I was tempted to find a copy of the latter, which I did not have at hand, and continue the research, but I decided not to. I left the research, confident that if I continued more articles of the sort would appear or would be created on my way. Instead, it was more interesting to include all the output of the previous hours of research in this dissertation as an example of what it is being argued about the parallelism of Borges’ work and Quantum Mechanics.

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Sucedió por Azar

paul auster
Publicado en la Revista Iguazú nº 28. Pg. 60 – Myriam Mercader

Paul Auster, poeta, escritor y cineasta norteamericano ha sabido establecer una peculiar relación con el Azar. Desde muy joven ha experimentado situaciones azarosas a las cuales decidió no buscar explicación racional sino simplemente aceptarlas por lo que son, materializaciones cotidianas de todo un mundo de interacciones que desconocemos en su gran inmensidad y que sin embargo de vez en cuando afloran por un instante y se dejan ver por aquellos que como Auster perciben que puede haber algo más que lo que prosaicamente nuestros sentidos logran apreciar.

            La obra de Auster exhibe un magistral y misterioso diseño de las más elegantes estratagemas, trucos, engaños y suerte de hélices de doble eje que el destino depara a sus siempre asombrados personajes. Su literatura se nos presenta con la exactitud de una pieza musical confrontada – y a la vez beneficiada – por  las tensiones de la existencia humana que mantienen al personaje siempre en la cuerda floja. Su mejor prosa tiene algo de la sutil comedia de Beckett y la ironía, inteligencia y humor de Borges, abundando en doble especulaciones sobre cuán solitaria y a la vez avasallada por multitudes un alma puede aparecérsenos dentro del paisaje extenso y mineral que nos  rodea.

           Flaubert escribió hace un siglo “Creo que la ficción del futuro existirá en algún lugar entre el álgebra y la música”; si hubiera agregado “sobre una base de emoción verdadera”  hubiese estado describiendo la noción que Paul Auster tiene del ser humano como instrumento – un instrumento original – tocado por la música del azar.  

            Desde muy joven Auster sintió esta atracción por lo que algunos llaman casualidad o azar y que él prefiere denominar contingencia. Hace muchos años, la cuñada de Paul Auster estaba enseñando inglés en Taipei cuando entabló conversación con otra joven americana. Pronto descubrieron en el correr de la conversación que ambas tenían hermanas que vivían en el mismo piso del mismo edificio en la misma calle de New York.  Cuando Paul Auster estaba escribiendo The Locked Room y ya había decidido que la última escena del libro sucedería en una casa de Boston: el número 9 de Columbus Square, tuvo necesidad de viajar a esta ciudad. Decidió que sería interesante hospedarse en la misma casa que había ficcionalizado para su obra ya que pertenecía a un buen amigo suyo. Una vez en Boston tomó un taxi y dio la dirección al taxista. Inmediatamente el hombre espetó una carcajada.  Resultó que había vivido en el mismo apartamento donde hoy el amigo de Auster tenía su estudio.  Parece ser que en los años cuarenta el edificio había sido un peculiar hostal y durante todo el recorrido el taxista le estuvo contando historias de la gente que entonces lo había habitado. Historias de prostitución, películas pornográficas y drogas. Auster confiesa que le resultó difícil no creer que se lo había inventado todo y que el taxista se había materializado desde las páginas de su propia obra de ficción. “Era como haber conocido al espíritu del lugar sobre el cual estaba escribiendo. El fantasma del 9 de Columbus Square,” escribió.

              Historias verdaderas como éstas y muchas otras aparecen en The Red Notebook o en Why Write? Sin embargo, Auster no solo las recopila en textos ex profesamente sino que forman parte innata de su literatura y sobre todo de su vida. Su novela The Music of Chance nos recuerda que el azar tiene su propia música y que su partitura nos envuelve sin que podamos desembarazarnos de ella. “el azar da forma a nuestra vida” dice Auster “lo inesperado ocurre con pasmosa regularidad,” “Los hechos riman” – continúa – “y la rima que crean cuando los observamos en su totalidad nos demuestra que cada hecho involucrado altera asimismo al que tiene próximo, como cuando dos objetos físicos se encuentran y sus fuerzas electromagnéticas no solo afectan la estructura molecular de cada objeto sino al espacio existente entre ellos. De esta misma forma dos hechos que riman establecen una conexión en el mundo agregando una nueva sinapsis que deberemos rastrear a través de la plenitud de nuestra experiencia”.

            Un periodista de Entertainment – Gregory Kirschling – que se entrevistó con Paul Auster en su edificio brownstone de Park Slope donde el escritor reside hace muchos años, cuenta que con motivo de su encuentro con Auster, llegó a desear, también él, protagonizar  algo azaroso, austeriano. Personalmente no tuvo esa suerte, sin embargo, Auster le explicó que unos días antes, cuando se disponía a mantener una reunión con otro periodista, un peatón se les acercó y sacando un libro de su bolso pidió a Auster que se lo firmara. Acababa de comprarlo, un libro suyo y así de repente, inesperadamente, Auster había aparecido en su camino. El ticket demostraba que no mentía. Auster rió y le comentó al periodista que no lo había planeado para impresionarlo, era tan solo una coincidencia.  

            Llevo estudiando la obra de Paul Auster muchos años y es tema de mi tesis doctoral, de tal forma que cuando decidí ir a New York con mi familia por primera vez no pude evitar la tentación de acercarme a Brooklyn, a la esquina de la Segunda con la Séptima Avenida donde Paul Auster reside – la misma esquina que aparece fotografiada en la portada americana de la novela The Brooklyn Follies. No deja de avergonzarme un poco lo baladí de la idea ante la cual, no obstante, sucumbí sin remedio. Todo era nuevo para nosotros y sufrimos varios contratiempos antes de dar con el lugar; en realidad llegamos mucho más tarde de lo previsto y nos dimos de bruces con el edificio casi sin darnos cuenta. Cuando giré la mirada para apreciar la majestuosa construcción de piedra marrón, en ese preciso instante, la figura un tanto encorvada y vestida de negro de Auster  apareció ante mi vista. Caminaba lentamente hacia nosotros, probablemente volvía a casa de comprar sus cigarrillos en un estanco próximo – como Paul Benjamin en su film Smoke. Venciendo mi instintiva timidez le saludé y le comenté lo extraño de la situación. También él tímidamente me dijo: “What can I tell you!” – qué puedo decir, esto me pasa continuamente.

             Afortunadamente, llevaba mi cámara y Paul Auster tuvo la amabilidad de dejarse retratar conmigo, pues de otra manera creería que me había traicionado la necesidad de que me sucediera algo austeriano, como al periodista de Entertainment. Siento un profundo agradecimiento a los incidentes fortuitos que retrasaron mi trayecto a Brooklyn ya que fueron los responsables de que también yo hoy forme parte de esos intrincados hechos que tejen la rima total del universo auteriano – un instrumento más tocado por la misma música del azar.     

En Brooklyn con Paul Auster


Epílogo :

Nota de Nuria Rita Sebastián, editora de la Revista Iguazú, en su blog.

Momento “Paul Auster”

Hoy por fin he podido quedar con Myriam Mercader, que ha publicado un artículo en Iguazú n.28 sobre su afortunado y casual encuentro con Paul Auster en Nueva York. Toda nuestra conversación, como no podía ser de otra manera, ha girado alrededor del azar y las cosas que suceden muchas
veces sin prestarles atención, pero que parecen llevarnos en una dirección clara. Así, he acabado hablándole de Casa Tía Julia (esa locura en la que me he metido) y es cuando ella me ha comentado que precisamente el personaje de la novela que está escribiendo se llama “Julia”, por ser un nombre muy vinculado a sus generaciones antepasadas. Por si no fuera poco, al hablarle de la pared empapelada de manera absolutamente kitch que yo quiero conservar igual (mejor dicho, no “igual”, sino que quiero conservar “el mismo”), me ha preguntado: “¿no será de color amarillo?” y
sí, claro, ese papel es de color amarillo (de flores amarillas). Entonces me ha citado el relato “The yellow wallpaper“, que yo no conocía y que a ella le ha venido a la cabeza cuando le explicaba sobre la casa. En fin, todo muy “Paul Auster”, con una cosa llevándonos a otra y tirando tan a gusto del
hilo. Nunca me cansaré de decir que estas conversaciones son lo que compensan todo el esfuerzo de seguir con Iguazú en marcha.

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ExPoesía 2018

ExpoesíaArticulo en el Correo-Abril

Antes de acabar 2018 creí oportuno comenzar mi blog de Arte y Literatura para poder difundir los temas que más me interesan, no sólo por dar a conocer mi obra hasta ahora sino porque la curiosidad, la educación y la cultura son la herramienta más poderosa con la que contamos para cambiar el presente y el futuro de nuestra especie.

De la misma forma que me gusta comenzar a leer los periódicos por la última página, comenzaré por el último acontecimiento artístico en el que me enorgullezco de haber participado. Se trata de la Sexta Bienal de Poesía Experimental “ExPoesía 2018”, esta vez en Basauri, Sestao y Barakaldo. En esta última localidad estuvo hasta fines de noviembre y desde el día nueve, tal y como sigue:

PRESENTACIÓN / ACCIÓN:

Día: 9 de Noviembre 2018 a las 19:00

Lugar: Biblioteca Central, bajo

Parque Antonio Trueba s/n. Barakaldo, Bizkaia

ACCIONARON

El 5 de febrero de 1916 el poeta Hugo Ball inauguró en Zúrich el Cabaret Voltaire, un pequeño espacio que se convirtió en el motor de explosión de la vanguardia en Europa proclamando para el arte la confusión, el primitivismo y la contradicción. Esperanza Gómez Herce y Elvira Herrero nos guiaron a través de sus máximas antes de cada acción de la presentación.

Juan Miguel Cortés con la acción “Buscando a Huidobro Nº6”, (La poesía nos da de comer).

Muestra de Poema objeto: Jordi Navarro Fisas y se presentará su último trabajo: ABRA KADA PAL ABRA.

De la reedición HACIA LA POESÍA TOTAL de Adriano Spatola, accionan: Bartolomé Ferrando y Giovanni Fontana.

En esta ocasión fuimos 20 artistas invitados lo cuales expusimos nuestra obra particular con un texto que exponía aspectos curriculares pocos conocidos. A su vez una obra colectiva (de los veinte artistas invitados) presidía la exposición sobre idea original de Jun Miguel Cortés. Los artistas invitados fuimos:

Alberto Muñoz – Antonella Prota Giurleo Antonio Orihuela – Cesar Reglero Campos

Daniela Bartolomé – Detritus Aramburu Eguizábal– Felipe Zapico Alonso -Ianire Sagasti – Isabel Huete – Julien Blaine – Luz Grossi – Mary Zurbano Gauna – Mikel Varas – Myriam Muriel Mercader Varela – Monika Trece(Nude) – Raul Reguera – Txaro Etxebarria Clemente – Txema Agiriano – Rodrigo Córdoba –  Carme Maiques Pastor – Vicente Gutiérrez Escudero .

Fue una experiencia fabulosa compartir espacio con tan grandes artistas que  organizó y coordinó maravillosamente Juanje Sanz Morera, el director y alma de L.U.P.I. (La Única Puerta a la Izquierda). http://launicapuertaalaizquierda.blogspot.com/

La Plaza

            La plaza está perdidamente sola, vacía. Sus asientos de piedra fríos, aún cuando el abrasador sol de verano está alto, muy alto sobre la isla.

            Los árboles llenos de hojas dibujan sus formas caprichosas sobre las piedras de la plaza, y el reloj desde la torre, lo mira todo quieto, como si el tiempo no pasara. A las cuatro de la tarde el pueblo duerme. Todo sigue igual, estático, ni un ruido. Por fin, las sombras cambian muy lentamente de posición, y las agujas del reloj las acompañan obligadas, renunciando a una permanencia que les sería más placentera.

            Siento la amenaza de mis ansias. Todos estos eternos días en una isla lejana. Gente extraña, la playa y el barco que volvería a buscarme.

            Había cruzado la isla para llegar a la plaza situada en una altura desde la que podía dominar el puerto.  Ahora esperaba, imaginando la proa negra, enorme. Aún cinco horas. Playas y plazas y una habitación con el rayo de sol penetrando primero y luego perdiéndose poco a poco en la pared del fondo.  ¿Qué haría aquí precisamente? Y al año siguiente en Fregene o más tarde cruzando unos desubicados campos de arroz entre Boloña y Milan…. O antes, mucho antes,  a bordo del ómnibus número 21, a la altura de Coimbra, viendo el mar salpicar olas grises mientras la arena se amontonaba en los portales de las casas montevideanas.

            Había experimentado la misma desazón en otras oportunidades, pero ahora estaba más lejos,  sin que nadie lo supiera, abandonada a unas gentes que no conocía, a un lugar que se me hacía extraño. Cinco horas que pasarían muy lentamente, como si el reloj en su torre me gritara ¡ahora te aguantás!

            Prefería irme. Me iría de aquella plaza hostil, dejándola sola a ella, abandonada, huérfana de mi para toda la eternidad.

            Así lo hice. ¿Por qué entonces hoy, después de tantos años, la vuelvo a sentir y la escribo?

El Cerco y los Alvoriaos de Javier Seco

Aquella mañana de finales de octubre Peñarroya -Pueblo Nuevo amaneció gris, con una llovizna que sumergía al “Cerco” en un turbio sueño de tiempos de minas dormidas, olor a hierro viejo y silencios ocres que clamaban ser despertados. 

                Caminaba por entre las naves sin techumbre, con sus paredes heridas de raíces y charcos inquietos que palpitaban en el miasma de la empecinada niebla, cuando me sorprendió una primera torre altiva de piedra sobre piedra que guardaba un equilibrio elegante, a la vez orgulloso y tímido, temeroso de no poder prolongar su existencia más allá de un tiempo meramente prudencial.

                Al levantar la vista alcancé a ver otras dos hermosas esculturas que se empinaban desafiantes, y que parecían sonreír mientras le echaban un pulso a la fuerza de la gravedad. Un poco más lejos, entre la bruma, se adivinaba la silueta del artista que integrado en el paisaje y sobre un cúmulo de rocas oscuras, sopesaba en sus manos la más adecuada para coronar su penúltima creación.

Recordé el artículo que había leído en internet pocos meses atrás: Rock Balancing es una rama particular del Land Art que es temporal y efímera. El artista pone rocas en equilibrio, una sobre otra, para crear una estructura única e inusual que eventualmente será destruida por el viento o los vándalos. Pensé que eso estaba muy bien, pero que lo que yo estaba viendo era mucho más, era una manifestación artística provista de una especial intensidad, que desprendía fuerza, sutileza, color, olor y hasta una música particular que acompañaba al balanceo de aquellas piedras en su danza enigmática y sutil.

                Javier Seco había sabido encontrar el escenario ideal para su obra. El “Cerco” es el jardín del abandono, un espacio mágico con aire gótico y que invita a explorarlo como en medio de un cuento de Edgar Allan Poe o una novela de Charlotte Bronte. La niebla y la llovizna que envolvían las innumerables obras que se erigían por doquier les concedían una pátina especial de magia y hechizo. Tal vez fui víctima de ese hechizo, tal vez la mañana gris acompañaba al recuerdo, el caso es que sonaron en mi mente unos versos y la voz de Chabuca Granda, que siempre cantó a la tierra, y ya no pude más que entregarme a ellos.

Javier Seco creando

                Ese afán de arar en el mar de los ensueños que es el arte y la creatividad y que indefectiblemente traspasa el universo paralelo del sentir del artista y se cuela inexplicablemente por todos los poros de los universos de cada ser que lo contempla.

                Ese constante hacer alguien de algo; ese darle forma y palpitar, ese personificar a la tierra que, aunque de por sí poseedora de su propia vida, el artista sabe moldear y transformar o hasta transgredir para dotarla de una sensibilidad más cercana e interpretable por una sociedad que cada vez se aleja más de las raíces que un día no necesitaron interpretación.

Y por esos derroteros iban mis pensamientos cuando cobró aún más sentido el tercer verso de la canción de Chabuca:

                Ese afán de hacer castillos en el aire; castillos que como aquellos Alvoriaos de Javier Seco probablemente fueron abatidos por las inclemencias o los vándalos, pero que han quedado en las pupilas (y en el objetivo de la cámara) de todos aquellos que tuvimos la suerte de disfrutarlos, aún erguidos, en medio de la llovizna y de los esqueletos de unas naves que una vez crearon un pueblo próspero y que hoy con la ayuda de muchas conciencias osadas y justas y del Arte pretenden seguir edificando sensibilidades en los jóvenes de Peñarroya – Pueblo Nuevo hacia un futuro esperanzador que no debiera jamás ser abatido.

Nota : Javier Seco es un artista, performer, y amante de la naturaleza y el Land Art. Las fotos que aquí se muestran son suyas.

Myriam Mercader

El Espíritu de J.L. Borges en la ruta picassiana.

Portada del libro

Prólogo

Desde Borges a Picasso: un trabajo telúrico de Myriam Mercader

Desde hace unos años  sigo la trayectoria de las  investigaciones borgianas de Myriam  Mercader, y lo que más me fascina de este proceso es ver cómo esta labor ha ido progresando hasta llegar  a tener tal calibre y profundidad que uno tiene la sensación de que en cualquier momento el escritor bonaerense puede  sentarse con nosotros y participar en el debate.

Este don que tiene Myriam para transmitir emociones y sensaciones solo es posible cuando se tiene una gran capacidad de comunicación y una pasión vital que comparte de manera empática y fluida.

Filóloga, Investigadora, escritora, creativa y apasionada por la vida, tiene todo aquello que se necesita para ejercer una labor de alquimista; y por ello,  en el preciso instante en que se presentó la ocasión de establecer, dentro de un recorrido picassiano, la esencia y la presencia de Jorge Luis Borges, no lo dudó y lo hizo de manera tan natural que pudiera parecer que ambos artistas fueran cubistas dentro de un laberinto habitado por incisivos minotauros.

Hay autores que sintonizan como nadie en las coordenadas vitales de lo que es y deja de ser real, sin por ello perder el norte de una labor existencial etérea, volátil y lo suficientemente efímera como para sólo ser captada en ráfagas que se materializan en un instante extraordinario de genialidad suprema por aquellos que saben moverse entre ambas realidades. Artífices de estos instantes mágicos Borges y Picasso ocupan un lugar privilegiado en estas encrucijadas dimensionales. Es por ello que cuando Myriam aceptó el reto de sintonizar en el espacio y el tiempo a estos dos genios excepcionales, a través de  la “Revista Caminada Visual Picasso”, uniendo la poesía visual con la poética de la acción, lo hizo con plena conciencia de que el destino había movido sus hilos para que en la ciudad malagueña que vio nacer a Picasso y con la que Borges mantuvo una estrecha relación afectiva, tuviera lugar el encuentro entre ambos, oficiado por el gran maestro de ceremonias Francisco Peralto, y relatado por ella.

Las páginas que vienen a continuación son aquellas que se leyeron a lo largo del recorrido y que dieron pie a una serie de acciones donde la palabra y la imagen fueron de la mano hasta concluir  en una especie de simbiosis vibrante del fenómeno de la creación.

César Reglero Campos

El espíritu de Borges en la Ruta Picassiana

Borges escribió que no es exagerado afirmar que las historias de la pintura se pueden dividir en tres clases abominables: a) las cometidas por personas que entienden de escribir y no de pintar; b) las cometidas por personas que entienden de pintar y no de escribir; c) las cometidas por ‘ambizurdos’ que ignoran esas dos actividades con igual perfección.

Huelga decir que la lección del maestro argentino no ha caído en tierra baldía.

No obstante, nos permitiremos considerar oportuno concluir estos maravillosos nueve meses de Poesía Visual con un recorrido Picasso-borgeano por esta Málaga que tanto significó para ambos artistas.

La Poesía Visual inmediatamente se nos aparece como la síntesis de trazos: unos que forman palabras, otros que forman imágenes. Y mientras las palabras irremediablemente nos llevan a Jorge Luis Borges, las imágenes no pueden ser más significativas que las surgidas del genio de Picasso.

El metafísico alemán Georg Simmel imaginó dos “estilos de existencia”: el estilo sistemático, que satisface nuestra necesidad de regularidad  y simetría y que podría estar representado por el círculo; y el estilo progresivo que sigue una línea recta que nos lleva al infinito, nunca satisfechos con nuestros logros. El estilo de Picasso así como el de Borges son ejemplos maravillosos de línea recta, ya que ambos fueron creando por impulsos y si miraron atrás fue para subvertir; eligieron sus referencias entre un inmenso repertorio de estilos existentes y a partir de ellos comenzaron a crear.

Se dice que Picasso dijo de sí mismo “Yo no busco, yo encuentro”. Así encontró el cubismo del cual comentó: “Cuando ‘inventamos’ el cubismo, no teníamos la menor intención de inventarlo. Sólo queríamos expresar lo que había en nosotros.”

El Picasso explorador de su propio arte lleva al artista a una concepción nueva de la comunión entre el alma y el arte. “El cubismo no trata sobre la realidad,” dijo una vez  “es más como un perfume que está frente a ti, detrás de ti, a los lados. El aroma se siente en todas partes, pero no sabes de donde viene.” Nuestro otro viejo enamorado del arte y de Andalucía – Jorge Luis Borges – supo sentir algo muy similar por lo que se  esconde en la palabra y en su poema La Brújula escribió:

Detrás del nombre hay lo que no se nombra / hoy he sentido gravitar su sombra/ en esta aguja azul, lúcida y leve.

Ambos artistas comparten similar sensación de que la creación es una búsqueda interminable que lleva a plasmar lo predestinado tan solo a sentirse. Así el poeta y el pintor comparten más que un sentimiento, curiosamente se revuelven dentro de los mismos laberintos, y crean los mismos minotauros.

Picasso comentó: “Si todos los caminos que he andado se marcaran en un mapa y se unieran con una línea, podrían representar un minotauro.” No en balde el minotauro es su alter ego y tozudamente aparece, una y otra vez, en sus cuadros. El laberinto de Borges no es menos obsesivo dentro de una obra que bien podría complementarse con la del pintor, ya que  Picasso es el más grandioso creador de minotauros de nuestro tiempo y Borges el mejor creador de laberintos de la historia de la literatura y así, el minotauro de uno es el laberinto del otro.

Siguiendo el hilo de nuestra particular Ariadna, vemos que nos lleva por mundos azules y rosas; mundos imaginarios donde se mezclan el azul del Viejo Guitarrista de Picasso con La rosa profunda de Borges y la inmensa tristeza del Viejo Ciego con niño con la del viejo maestro Paracelso al comprobar que su aprendiz no confiará si no le demuestra que primero puede quemar la rosa y luego devolverle la frescura. Se nos aparecen los Tigres azules, que para el argentino no son animales sino piedras mágicas capaces de saltar de una dimensión a otra, enlazados con saltimbanquis y payasos rosas que en la obra picassiana también representaran a su ejecutor.

Si el suicidio de su amigo Carlos Casagemas dejó a Picasso lleno de dolor y tristeza y lo zambulló en su época azul,  la muerte del padre de Borges y el posterior accidente que sufriera el escritor le descubren una extraordinaria capacidad para narraciones fantásticas que reflejará en El Sur o en Funes el Memorioso.

Los laberintos tienen algo de misteriosos y de inexplicables y el que hoy nos atañe no escapa al enigma. Este rasgo no es otro que la relación de nuestros autores con las mujeres: modelos o musas. A Borges se le ha tachado de misógino y a Picasso de voyeur. Llaman pues la atención estos adjetivos tan encontrados que nos exigen una mirada más cercana.

En el Museo Picasso de Barcelona tienen un dibujo cuya ficha técnica es la siguiente: Desnudo tendido con Picasso sentado a sus pies. Barcelona, 1901. Tinta y acuarela sobre papel, 17.6 x 32.2 cm. De ella deducimos que es pequeña y que Picasso la pintó con solo 20 años. Sin embargo lo relevante en la obra es que Picasso se incluye como modelo y no solo eso, el modelo Picasso siente la necesidad de tocar a la mujer modelo.

Esta comunión erótica de artista, modelo y espectador no le es ajena a Borges desmintiendo a aquellos que vieron en él a un misántropo, a la vez que lo acerca aún más al malagueño.

Por citar un solo ejemplo recordemos el comienzo del Aleph, en el que Borges – una vez más protagonista en sus relatos – recuerda el día en que murió Beatriz Viterbo y la llora: “muerta yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación.”  Asimismo se convierte en espectador del objeto de deseo:

De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos. Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo, la mano en el mentón…

¿Porqué hablar entonces de Borges cuando celebramos a Picasso? Si aún no hemos encontrado suficientes razones, podríamos agregar que Borges trató a la escritura como Picasso a la pintura.

En Borges la ficción y el poema se confunden y se fusionan, ya que sus ensayos se aderezan con ficción y sus poemas con filosofía. El cubismo picassiano sintetiza y adelgaza las formas pero contiene asimismo un bagaje inconmesurable. Los libros de Borges forman una biblioteca creada por una imaginación estimulada  por otra biblioteca. Picasso dijo: “yo soy grande porque voy a lomos de un gran animal”. Se refería a todo un legado de artistas que le ayudaron a crear su propio mundo artístico.

Picasso fue un rebelde que nunca quiso romper con sus raíces. Eugeni d’Ors dijo de él acertadamente que era un hombre de oficio que buscaba la eternidad según una tradición.

Borges hizo lo propio con la literatura. Para el maestro escritor ya todo estaba escrito. No valía la pena leer nada nuevo – tan solo cabía releer. Si acaso todo lo que el artista podía  hacer era crear a sus precursores y de esa manera mágica saltar de una dimensión a otra como el Pierre Menard que re-escribió el Quijote o el Picasso que reencarnó al artista de Altamira, engrandeciéndolo si cabe.

Cuando a Borges le preguntaron cuál era su mayor ambición literaria contestó:

Escribir un libro, un capítulo, una página, un párrafo que sea todo para los hombres, que prescinda de mis aversiones, de mis preferencias, de mis costumbres, que no se alimente de mi odio, de mi tiempo, de mi ternura; que guarde (para mí como para todos) un ángulo cambiante de sombra; que corresponda de algún modo al pasado y aún al secreto porvenir; que el análisis no pueda agotar; que sea la rosa sin por qué, la platónica rosa intemporal del Viajero querubínico de Silesius.

Probablemente si a Picasso le hubieran preguntado por su cuadro ideal habría expresado un sentir muy similar. Lo que sí sabemos es que un día explicó “Yo no digo todo, más pinto todo.”  Con este mismo afán de inclusión total,

Borges pergeñó el Aleph, su punto sincrónico que todo lo contiene: el espacio y el tiempo y por supuesto también a Borges y a Picasso y a nosotros. En esta dimensión puntual y totalizadora que Borges supo contemplar en un sótano olvidado de una casona a punto de ser derribada, el arte y Borges y Picasso y nosotros estaremos siendo uno y todos  – o tal vez ninguno – en este preciso instante. Borges y Picasso fueron capaces de sintetizar en sus obras todo lo que ya existía y sin embargo sus genialidades innovadoras harán que su impronta permanezca indeleble para disfrute de todos aquellos que los frecuentamos.

Myriam M. Mercader