Una Jornada con Sergi Quiñonero en la Granadella

Sergi Quiñonero en una de sus actuaciones

César Reglero

25 años hace que nos conocemos, pero Sergi Quiñonero siempre es una fuente de sorpresas y de activismo cultural. Así que una jornada con él nos puede deparar múltiples sorpresas y una inmersión en el arte desde una dimensión más humana y cercana a la tierra. Y este fue el caso en una jornada que comenzó con una visita a su exposición individual “Cosmologies” en el CCOC Centre de la Cultura de l`Oli de Catalunya de la Granadella (Lleida) y que podrá ser visitada hasta el 2 de Octubre. Proyecto seleccionado dentro del marco OliverArt 2020. El espacio es magnífico y por sí solo ya merece una visita. Pero es que además la obra de Sergi nace de la propia naturaleza y se vive con la emoción de quien ha realizado una creación desde las entrañas, con lo cual el espacio del CCOC adquiere una mayor intensidad.

Obra “Rusc” de Sergi Quiñonero

Obra “Liquens” de Sergi Quiñonero

Posteriormente nos llevó a visitar El Mirador del Coll de Bovera. Una de las vistas más espectaculares que se pueden contemplar en la comarca de Les Garrigues. Difícilmente inmejorable, pero que se ha visto enriquecida con la propuesta del proyecto OliverArt en su apartado de intervenciones en el entorno (formando parte de “Camins d´Art”). Al igual que sucede con la exposición de Sergi, es absolutamente respetuosa con el paraje y convierte este recorrido guiado por nuestro anfitrión, en una historia que solo se puede explicar por la conjunción de elementos que se han puesto de acuerdo para que el arte experimental y ecológico cobre una dimensión dinámica de amplio recorrido en una región que bien merece este esfuerzo para dar un nuevo impulso a una inquietud cultural y artística que, al mismo tiempo, ofrece nuevas perspectivas a los ciudadanos de una comarca cuya principal actividad es la agricultura, especialmente olivos, almendros y cereales. Oportunidad muy especialmente indicada para que los jóvenes contemplen como esta pequeña población de Les Garrigues abre nuevos horizontes para el desarrollo de sus inquietudes.

El propio Sergi Quiñonero nos facilita la relación de entidades e instituciones que  han unido sus esfuerzos para hacer realidad un sueño para todos ellos:

El CCOC Centre de la Cultura de l’Oli de Catalunya de la Granadella, la Vinya dels artistes del celler Mas Blanch i Jové de la Pobla de Cérvoles, el Camí dels 7 sentits y Museu Pruna de l’escultora Marta Pruna de Cervià de les Garrigues y el Centre d’Interpretació d’Art Rupestre de la Roca dels Moros del Cogul han unido esfuerzos para promocionarse conjuntamente con la propuesta “Camins d’art”.

Obra: “El cor del mirador”, de Susana Malagón
Obra: “Punts supensius…”, de Sergi Quiñonero

Pero la jornada aún tuvo otros alicientes como la excelente degustación de una deliciosa gastronomía que pudimos disfrutar en el centro de la villa y un posterior debate sobre las profundidades del alma humana y la naturaleza del arte. Finalmente acabamos la jornada rindiendo homenaje al pintor recientemente fallecido y residente en La Granadella Oriol Moragas Maragall, con una visita muy emotiva a su estudio de la mano de su compañera Sissi Salinas.

Nuestro anfitrión en una de sus intervenciones

http://www.culturadeloli.cat/ccoc/

Setiembre 2020

El Cerco y los Alvoriaos de Javier Seco

Aquella mañana de finales de octubre Peñarroya -Pueblo Nuevo amaneció gris, con una llovizna que sumergía al “Cerco” en un turbio sueño de tiempos de minas dormidas, olor a hierro viejo y silencios ocres que clamaban ser despertados. 

                Caminaba por entre las naves sin techumbre, con sus paredes heridas de raíces y charcos inquietos que palpitaban en el miasma de la empecinada niebla, cuando me sorprendió una primera torre altiva de piedra sobre piedra que guardaba un equilibrio elegante, a la vez orgulloso y tímido, temeroso de no poder prolongar su existencia más allá de un tiempo meramente prudencial.

                Al levantar la vista alcancé a ver otras dos hermosas esculturas que se empinaban desafiantes, y que parecían sonreír mientras le echaban un pulso a la fuerza de la gravedad. Un poco más lejos, entre la bruma, se adivinaba la silueta del artista que integrado en el paisaje y sobre un cúmulo de rocas oscuras, sopesaba en sus manos la más adecuada para coronar su penúltima creación.

Recordé el artículo que había leído en internet pocos meses atrás: Rock Balancing es una rama particular del Land Art que es temporal y efímera. El artista pone rocas en equilibrio, una sobre otra, para crear una estructura única e inusual que eventualmente será destruida por el viento o los vándalos. Pensé que eso estaba muy bien, pero que lo que yo estaba viendo era mucho más, era una manifestación artística provista de una especial intensidad, que desprendía fuerza, sutileza, color, olor y hasta una música particular que acompañaba al balanceo de aquellas piedras en su danza enigmática y sutil.

                Javier Seco había sabido encontrar el escenario ideal para su obra. El “Cerco” es el jardín del abandono, un espacio mágico con aire gótico y que invita a explorarlo como en medio de un cuento de Edgar Allan Poe o una novela de Charlotte Bronte. La niebla y la llovizna que envolvían las innumerables obras que se erigían por doquier les concedían una pátina especial de magia y hechizo. Tal vez fui víctima de ese hechizo, tal vez la mañana gris acompañaba al recuerdo, el caso es que sonaron en mi mente unos versos y la voz de Chabuca Granda, que siempre cantó a la tierra, y ya no pude más que entregarme a ellos.

Javier Seco creando

                Ese afán de arar en el mar de los ensueños que es el arte y la creatividad y que indefectiblemente traspasa el universo paralelo del sentir del artista y se cuela inexplicablemente por todos los poros de los universos de cada ser que lo contempla.

                Ese constante hacer alguien de algo; ese darle forma y palpitar, ese personificar a la tierra que, aunque de por sí poseedora de su propia vida, el artista sabe moldear y transformar o hasta transgredir para dotarla de una sensibilidad más cercana e interpretable por una sociedad que cada vez se aleja más de las raíces que un día no necesitaron interpretación.

Y por esos derroteros iban mis pensamientos cuando cobró aún más sentido el tercer verso de la canción de Chabuca:

                Ese afán de hacer castillos en el aire; castillos que como aquellos Alvoriaos de Javier Seco probablemente fueron abatidos por las inclemencias o los vándalos, pero que han quedado en las pupilas (y en el objetivo de la cámara) de todos aquellos que tuvimos la suerte de disfrutarlos, aún erguidos, en medio de la llovizna y de los esqueletos de unas naves que una vez crearon un pueblo próspero y que hoy con la ayuda de muchas conciencias osadas y justas y del Arte pretenden seguir edificando sensibilidades en los jóvenes de Peñarroya – Pueblo Nuevo hacia un futuro esperanzador que no debiera jamás ser abatido.

Nota : Javier Seco es un artista, performer, y amante de la naturaleza y el Land Art. Las fotos que aquí se muestran son suyas.

Myriam Mercader