Hacia la Una

Dibujo de César Reglero Campos

Relato de Myriam M. Mercader

La gaviota, posada en la proa, se mecía junto con la barca, varada en la orilla, al ritmo de la marea.

Tendida sobre la roca más alta, la mujer leía su libro, mientras el niño jugaba con su perro, un poco más lejos, sobre la arena.

-!Ahí va la pelota! !Cógela! !vamos, ya la tienes! Eso es, buen chico. Aquí, dámela…

Los ladridos del perro festejaban su triunfo mientras corría, meneando la cola, al encuentro del niño. La madre levantó la vista del libro y los miró jugar, sonriendo. Jugaban por una orilla cubierta de finas conchas de colores. Iban y venían detrás de la pelota mientras risas, ladridos y gritos se apagaban o hacían más fuertes columpiados por la distancia y la brisa marina. Después de un rato, cansados y acalorados, ambos se acercaron hasta la roca y el niño preguntó:

  • ¿Nos podemos bañar mamá? Tenemos mucho calor…

La mujer buscó el reloj en el bolso y miró la hora.

Está bien, pero sólo un ratito, ya casi son la una, y todavía tengo la comida por preparar. Debemos irnos en seguida.

Bien! Te prometo que salimos en seguida mamá. ! Vamos!- le dijo al perro- y ambos corrieron hacia la orilla.

¡Con cuidado! – aún gritó la madre, antes de volver a la página interrumpida.

Poco después los ladridos histéricos del perro la apartaron una vez más de su lectura. Los buscó con la mirada entre las olas. Los ladridos eran cada vez más seguidos y estridentes. Fue incapaz de ver a su hijo. El perro desde la orilla, no se daba por vencido. El mar decidido a ignorarlo, brillaba orgulloso con su tesoro.  Se detuvo el aire, el movimiento de las olas. La brisa se trocó en silencio. Los brazos de la madre abrazaron el vacío. Sólo el perro ladraba y ladraba, cada vez más fuerte, en medio de aquel silencio desesperante. El sol de la una seguía su ruta en el azul del cielo.

Marcos se revolvió angustiado sin lograr abrir del todo los ojos. Por fin se incorporó de un salto y miró a su alrededor. Rainer le ladraba contento invitándolo a que le lanzara el palo. El sol estaba alto y no había nubes. Tenía la piel ardiendo. Sin lugar a dudas se había dormido. El sueño había sido espantoso y unas garras invisibles le aprisionaban las entrañas. Sintió alivio al mirar hacia el mar, viéndolo lleno de calidez y colorido en su inocente vaivén. Siempre que se sentía hastiado de la incongruencia irritante de la vida, hallaba la paz frente a aquel mar, con el cual se sentía hermanado. Un alivio que fuera solo un sueño. El olor del mar le penetraba los poros y en sus ojos resplandecían destellos escapados de alguna hoguera lejana; destellos que humeaban en medio del ruido del agua. Imaginó un buque, avanzando lentamente por un océano de fantasía. Se deleitó con la ilusión, cerró por un momento los ojos. Cuando los abrió nuevamente, habían pasado unos minutos y se había levantado una ligera brisa. Su rolex marcaba la una. Recogió sus cosas y le silbó a Rainer para que lo siguiera. Caminaba por la orilla y el agua le bañaba los tobillos. Rainer olfateaba de a ratos, a pesar del disgusto de su amo, alguno de esos exquisitos bocados que la resaca suele esconder en su seno. La brisa se iba convirtiendo en un viento casi frío que despeinaba la cabeza de Marcos al tiempo que hacía remolinos con la arena. Un montón de algas secas y papeles viejos remontó el aire, y vino a chocar con las rodillas del hombre. El viento soplaba de frente y un par de papeles se prendieron a sus piernas, abrazándolas. Uno, un trozo de periódico manchado de alquitrán, siguió su vuelo. El otro, arrugado, se empecinaba. Marcos incapaz de resistirse ante los misterios de manuscrito, lo escudriñó. Era lo que quedaba de una hoja de cuaderno amarillenta por el sol y el agua salada. La tinta estaba desleída y un poco corrida, pero aún pudo leer los versos:

 A veces cuando el viento sopla fuerte 
y el mar enfurecido se remueve
regreso hasta ti y me conmueve
tu esfímero aletear, tu frágil suerte. 

De mi mano solías detenerte
a repetir tus años: sólo nueve.
Varada ya tu barca, el mar la mueve
y yo la miro cuando quiero verte.

Aún cuenta de vos esta gaviota
que en verano, justo hacia la una,
te ve corriendo a la pelota.

Debo confesarte hijo que en tu cuna
muy pronto ha de reír otra carota
haz que en ella también juegue la luna.

Un frio seco le recorrió cada punto del cuerpo, y una súbita ingravidez se apoderó progresivamente de Marcos, hasta dejarlo como suspendido, sin puntos de referencia. En un postrer intento por recuperarse, comenzó a leer una vez más el trozo de papel que seguía inquietantemente apresado entre sus dedos.

La gaviota posada en la proa, se mecía junto con la barca, varada en la orilla, al ritmo de la marea.

World Novel 1900 to the Present – Juan Carlos Onetti

Michael D. Sollars de Southern Texas University es el editor de World Novel 1900 to the Present dentro de la colección Facts on File Library World Literature.  Sollars solicitó mi colaboración sobre Juan Carlos Onetti que aquí podéis leer en inglés por supuesto, y con un número limitado de palabras para poder ser incluido. Como resumen sobre Onetti puede ser de interés.

Onetti, Juan Carlos (1909 – 1994). One of the best novelists in the Spanish language in the last century, Onetti advocated for a new Latin American literature so far back as the 1930s from the pages of Marcha, the prestigious Uruguayan weekly magazine he edited. He felt that the regionalism and social realism existent those years lacked originality and he urged for a new breath of air. His preaching went further and materialized in 1939 when he published in Montevideo his first novel called El Pozo (The Pit, 1991) and which brought to life his first solitary character, a forty-year-old writer, who frees himself from his existential anguish by writing a dream: the dream of the log cabin This novel already hid the germ of what would later become some of Onetti’s best literary oeuvre. For the first time in Uruguayan – and we could adventure Latin American – literature the micro-cosmos of “a small and timid man” becomes universal. It is within La Vida Breve, 1950 (A Brief Life, 1976), however, that Onetti creates his personal universe, another possible world (to borrow Leibniz’ term) in much the same way William Faulkner created Yoknapatawpha, and which enables him and his characters to live in a place at a time both imaginary and real. Santa María is not just an imaginary city but a condensed geography, a syncretic enclave and filtrated social milieu representing the rioplatense.

The 1st of July, 1909, Juan Carlos Onetti Borges was born in Montevideo (Uruguay). Little we know about his first twenty years of life. Onetti never said much about his youth because, as he once explained, to narrate your own childhood is like trying to tell your dreams. He had an older brother (Raúl) and a younger sister (Raquel) He said about his parents they had been in love and he recalls being, as a child, a great liar; he practised oral literature with his friends and invented fantastic characters he would swear were real. He inherited from his earlier years a sensation that never left him: the distress of discovering people inevitably had to die. He never completed his secondary studies and had to work in a number of odd-jobs until, like many of his fellow countrymen, decided to cross the River Plate and settle in Buenos Aires for two long intervals (1930-1939 and 1941-1955) hoping to meet better opportunities. He married four times and had two children: Jorge by his first wife María Amalia Onetti – also his cousin – and Isabel María by his third wife Elizabeth M. Pekelharing.  Jorge, himself a writer, carries the burden of the family’s surnames: Onetti (twice) and Borges. In 1955 he marries his fourth wife Dorotea Muhr, a Uruguayan girl of German origin. She will live with him in Montevideo and Madrid until his death.

It was while working as a journalist in Buenos Aires during the second period that he became homesick for Montevideo (he could not return because of Peron’s government) and felt the need to create Santa María, a place where he could escape to and find some kind of communication and understanding.  Juan María Brausen – another desperate and lonely character – invents in La Vida Breve the city and its first inhabitant as the storyline for a film that would never be shot – Onetti had himself been a film reviewer while in Buenos Aires. The novel is in Onetti’s opinion his most interesting one, as it starts the Santa María saga and pretends to go deeper into the human essence than any other of his novels. The protagonist undergoes two parallel transformations. On the one hand he invents an alter ego named Arce who will transcend his own room and dull life to intrude into the room next door owned by a prostitute and, like a perfect Mr Hyde, become another. As Arce he could assume to be first just an occasional lover and finally the prostitute’s pimp. On the other hand, Brausen/ God will little by little build Santa María up and model it into a universe capable of becoming so much his own that he ends up absorbing the personality of Diaz Grey, the protagonist of his story. Brausen beautifully interpolates his creation into the novel’s ‘reality’ in a play of embedded dreams. Both for his characters and for Onetti the salvation through writing will be the only destiny capable of rescuing them from disenchantment.

Santa María, though imaginary, can be located somewhere in the Uruguayan coast of the River Plate by a Swiss settlement and a small town called Rosario – places which actually exist on both margins of the river as if duplicated – at more or less the same distance from Buenos Aires and Montevideo. Many of the Sanmarians are Swiss origin, other are Spanish, German or English. They are a mixture: half old continent and half new world but with a tiresome existence or anguished desperation which estranges them from their fellow citizens; probably the product of a new urban society which had very soon grown old. The stereotype could be traced among many Uruguayans who persisted in preserving a progressivism which the country’s economy could no longer support and hence their frustration.

El Astillero, 1961 (The Shipyard, 1968) and Juntacadáveres, 1964 (The Body snatcher, 1968) are considered to be his best novels. Several scholars have found in them a satirical and metafictional aspect that anticipates the later emergence of metafictional or fantastic literature in South America. One must not forget his exceptional short stories or his nouvelle Los Adioses, 1954 (Goodbyes and Other Stories, 1990) where he excels in the techniques of point of view and ambiguity honouring the best Henry James.

Much of what Onetti published in Marcha was under pseudonym as were some of his hard-boiled short stories. Despite being frequently second or third in literary contests, quite a number of intellectuals and writers, among them Roberto Arlt, very soon read his work and praised it broadly. He was influenced mainly by North American and European literature; he acknowledged his debt to Hemmingway, Faulkner and Henry James and to playwrights like Tennessee Williams and Saul Beckett but we can definitely identify the influence of Louis-Ferdinand Céline in his harsh, naked prose and marked criticism of society. He has been considered extremely sceptical and pessimistic but he always managed to highlight – by contrast – some kind of subtle tenderness in most of his characters.

His acclaimed success came first with his country’s National Literary Award in 1960 and finally with the Spanish Cervantes Award in 1980. He was also honoured with many other less prestigious prizes but it was the Cervantes the one to enhance the re-edition of all of his works and make him known worldwide. He missed, as many good writers have, the Nobel Prize despite he was nominated for it.

He had exiled to Madrid in 1974 the same way Brausen had settled in his Santa María, looking for a place where he could be freed from inanity. Onetti had been imprisoned by the military government in Uruguay because of his sound criticism though with the excuse of awarding, as member of a literary jury, first prize to a story they considered pornographic. This persecution made him leave Montevideo but did not affect his literary credo: his only commitment was with himself, he wrote for the sole enjoyment of the work well done. Writing was his pleasure but also his fate. He died in Madrid on May 30th, 1994 without ever returning to Montevideo.

Las páginas originales en la enciclopedia:

pg. 587

Pg. 588

La Hoguera


Llegaba a la plaza cuando lo vio doblar la esquina, Tomaba la curva inclinado sobre dos ruedas como una mole sonsa e imparable, pero a lo largo de los metros que restaban hasta la parada fue frenando cansadamente hasta que, por fin, le chirrió el alma y se detuvo con un resoplido.

Mientras María ponía el pie en el estribo del ómnibus, le pasaron una tras otras varias imágenes: la cara del guarda, las personas sentadas en el asiento de los “bobos”, algún nene llorando cargoso. No se había equivocado, al subir corroboró que sí iban todos; aunque el nene cargoso en realidad era nena y muy mal educada a juzgar por los gritos que le estaba .profiriendo a su desesperada madre. El guarda estaba como puesto por una mano omnipotente en su trono, con 1a corbata gris torcida los hombros descolocados (o tal vez fuera el corte del traje), los bolsillos deformados bajo el peso de a saber cuántas cosas misteriosas y necesarias.

Mientras le daba el boleto y recibía las monedas, el guarda apenas miró otra cosa que la mano de María, con la cual parecía entenderse perfectamente. Cientos de manos diariamente recibían boletos y se sometían al mandato de esa voz uniforme. Levantó la vista, giró la cabeza a la derecha y mientras tiraba del cable conectado al timbre gritó: ¡Pasando, adelante, pasando¡ No es que hiciera falta, no había nadie en el pasillo ya que el ómnibus estaba vacío y María se ubicó en uno de los asientos de la ventanilla.

Tenía media hora de viaje hasta su casa. Se sabía las paradas de memoria, las gentes, sus conversaciones. Por eso, por lo general, procuraba abstraerse y así el viaje podía convertirse en pretexto de repaso de cosas pasadas y de sueños acerca de otras que pasarían o quizá no lo hicieran nunca, mientras pequeñas luces destellaban en el fondo de su mente. A veces el recorrido le parecía durar tan poco que más de una vez hasta llegó a pasarse la parada correcta y debió desandar el camino hasta su casa a lo largo de la rambla y por delante de la cantera. En estas ocasiones no llegó nunca a arrepentirse pues siempre le resultaba agradable respirar el mar, observar cómo a éste la arena se le iba escapando y cómo luego, empujada por el viento, volvía y volvía…

La cantera, en frente del mar y de la parada, era otra cosa. Había sido un mundo misterioso durante muchos años, historias de personas despeñadas desde sus altas rocas, el arte de la pesca de mojarras con un frasco vacío de dulce de leche, un piolín y un trozo de pan como todo cebo, hasta un rincón secreto donde ir a leer un libro. Después habían pasado los años y la cantera se había convertido en parte del paisaje, algo que se había integrado tanto a la realidad cotidiana que pasaba desapercibida, hasta el día aquel en que vio a Michael Craig por primera vez.

El ómnibus había arrancado y ya vibraba, eterno agonizante de algún ignoto mal. Miro a través de la ventanilla: caían las primeras gotas. Había estado amenazando lluvia toda la tarde y finalmente llovía, se mojaría hasta los huesos cuando bajase en la rambla. La ventanilla estaba abierta y con las gotas de lluvia empezaba también a colarse ese olor tan típico del asfalto mojado, mezclado con el otro a salitre y pescado. Michael  despedía ese olor y ahora que lo pensaba resultaba extraño pues los fantasmas no deberían oler a nada y menos aún los ataviados con el uniforme de oficial inglés de la marina de Su Majestad el rey .Jorge III.

-Vieja, te dije que se iba a largar a llover, pero vos siempre la misma terca.-  llegó a oírle decir al vecino de dos asientos más adelante antes de que se volviera a repetir todo el proceso de frenado, chirridos y resoplidos cuando llegaron a la parada siguiente.

Abajo, en la esquina, se despedía una pareja. Ella subió mientras él corría calle abajo y entraba en un zaguán, unas puertas más allá. Seguían detenidos y no pudieron arrancar hasta que la señora que luchaba por subir sin decidirse a soltar el bolso ni el paraguas, abierto por supuesto, que llevaba junto con otro buen número de objetos de difícil determinación, atinara a algo. Le costó decidirse, pero finalmente optó por dejar parte de su cargamento en la plataforma del bus y con una mano libre se prendió de donde pudo y tiró de sus noventa y tantos quilos.

-Así que ahora te mandan a ti –  le había dicho Michael aquel primer día. Estaba parado a pocos metros del molino. Tenía el uniforme desgarrado por el hombro y las botas embarradas, el pelo alborotado y la mirada profunda, nerviosa, con la expresión del que acaba de salir vivo de un naufragio. Olía a mar, a escamas, a gaviotas. -Ya tuve bastante de ellos, de sus pares y de los míos- siguió diciendo -el tiempo se me hace eterno, no acaban los días, mi viaje, como el mar, no se agota. El viento sigue pasando solo, sin velas, sin palos, cofas o vergas.  Sigo buscando mi fragata pero no la veo. A veces creo que ya nunca la encontraré. Tú debes saber que yo sólo fui un instrumento, todos los somos, y yo no estuve en El Cardal, menos aún abriendo la Brecha. No merezco este castigo.

Después no había esperado contestación y se habla marchado desapareciendo por la esquina del caserón del molino. María no habla entendido aquella primera vez su angustia. No supo quién era, ni siquiera su nombre hasta días más tarde. Sin embargo, sus palabras habían seguido retumbando, insistentemente en su interior, y durante toda aquella semana recobraron dimensiones insospechadas en cualquier momento, como si de una visión mágica se tratara.

Dejaban atrás la avenida y doblaban a la izquierda entrando en la rambla. El mar estaba encrespado, marrón, revuelto, se habla tragado casi toda la playa y las papeleras que la apuñalaban aquí y allá, parecían a punto de sucumbir al viento, inclinadas ya, abandonando su contenido en la arena. Verdaderamente una tormenta anacrónica para aquel final de diciembre.  No existe nada más cercano al absoluto en el mundo físico que el mar, pensó María, y sin embargo, también él sufre avatares hasta llegar a ser testigo mudo, inerme ante el destino. El ómnibus arrancó una vez más, ajeno al mar, ajeno al tiempo, fiel sólo a su recorrido de boomerang interminable.

María sintió que alguien se sentaba a su lado, y al girar la cabeza vio que el viejo Maiztegui se acomodaba en el asiento, quejándose de su eterno dolor de piernas como toda forma de saludo.

-Uno ya no debería salir de casa con este tiempo, qué digo con este tiempo, con estos años.

-Buenas tardes don Maiztegui, cuénteme cómo le está yendo el negocio y olvídese de esos dolores que hasta a los más jóvenes nos atacan. Muchas veces tan sólo con la fuerza de voluntad no podemos superar los problemas..

-Si, es verdad, y eso confirma nuestra naturaleza, lo que mora en la profundidad de 1a gente.- dijo el viejo serio y dio la incipiente conversación por terminada.

María lo conocía y no lo forzó a hablar. El viejo era pescador vasco venido no se sabía cuándo de un puerto cantábrico. Tenía la piel de los cetáceos y los ojos de las aves de rapiña, pero todo él estaba impregnado de una extraña ternura. Solía pasar el tiempo en su chalupa cuando el mar le era propicio y cuando no, allá abajo en la Playa de los Ingleses donde tenía su casa y donde gastaba hora tras hora arreglando alguna red, tal vez pensando mucho, pero indudablemente hablando poco, muy poco. En su casa sólo tenía un catre, una mesa, una silla, un prímus, alguna cacerola y un almanaque colgado en la pared con una sola hoja y la figura del Prócer. El año no se alcanzaba a leer, el mes era agosto, el día dos estaba ligeramente más oscuro, como marcado, pero María no había logrado que las fechas y los días de las semanas de este mes de agosto coincidieran con  los agostos que recordaba haber pasado en compañía de Maiztegui. El almanaque estaba tan sólo allí como orgullosa muestra de otros tiempos o tan sólo como prueba fehaciente de que el tiempo realmente existía y que era algo medido por los hombres.

Días más tarde de su primer encuentro con Michael Craig, María había bajado  hasta la casita de Maiztegui y le había preguntado:

-¿Sabe Ud. si hay algún personaje nuevo rondando el museo del Molino de Pérez?

-¿Por qué lo preguntas? No sabía que siguieras yendo a la cantera todavía.

-En realidad no es que vaya muy seguido, pero el otro día me encontré con un desconocido. El hombre iba vestido con un viejo uniforme, desgarrado diría yo, y parecía fuera de sí, dijo una serie de cosas extrañas. No sabría cómo explicarlas, pero llegó a asustarme un poco.

-Tal vez fuera mejor que no te acercaras por ahí María. Te gusta andar sola. Lo peor siempre vas distraída en tus sueños y sabes que las canteras son peligrosas y que algunas personas han muerto por confiarse en la trepada.

-Ya lo sé, pero yo la conozco mejor que nadie, no debe Ud. preocuparse, sólo quería saber si tenemos algún nuevo vecino.

-Si existe tal vecino, déjalo que se dé a conocer por si mismo. Los nuevos vecinos, como los desterrados, somos gente melancólica, la mayoría de las veces nos queda menos que dar, la mejor parte de nosotros está en otro sitio, Allá en el lugar de donde procedemos. ¿Sabes lo que es una estrella de mar?

-Claro, una estrella de mar es un animal, vive en los océanos.

-S[, eso es. Bueno, si le cortas todos los brazos menos uno, la estrella es capaz de reconstruir a partir de ése los que le has amputado. A veces las personas también logramos milagros semejantes, esa es la grandeza de la naturaleza. Pero, a diferencia de la estrella marina, el hombre nunca deja de añorar aquellos primeros miembros. En algún 1ado, desafiando las leyes físicas, le han dejado un gran vacío ocupado por algo que algunos hasta dicen poder ver con unas máquinas especiales. Cosa de espectros y luces males parece.

Había sido una de las pocas veces en que el viejo se había mostrado comunicativo, casi vulnerable. Hoy, por el contrario, Maiztegui estaba callado, y María sospechaba que el motivo no era tan sólo el dolor de huesos. El siempre se encontraba huraño cuando había tormenta, cuando el mar crecía y lo cubría todo. Alguna vez que había cuadrado en días como el de hoy, le había contado historias de mares y marineros medio míticas medio reales, pero muy pocas veces lo había visto alegre en días de tormenta.

Se habían bajado muchas de las personas que iban en el ómnibus y sólo quedaban ellos dos y la pareja de viejos dos asientos más adelante. María los había oído discutir los últimos minutos pero ahora ya estaban callados, cada uno entregado a sus pensamientos, como ella misma y el viejo. Miró hacia afuera y le sorprendió la serenidad repentina del mar. Empezaba a atardecer y, mirando el mar, María se imaginó el sol bajo, tras la espesa capa de nubes negras. Las nubes de menos altura se habían convertido en una bruma quieta, había parado de llover.

La segunda vez que María vio a Michael, también acababa de llover pero un sol espléndido comenzaba a evaporar la humedad de la tierra. Era la hora de la siesta. De todos los momentos del día, éste, el de la siesta, era el que lograba en ella el mayor estado de libertad, de una libertad visceral. Le producía un sentimiento particularísimo mediante el cual los caminos pasados y futuros se entremezclan y no tienen límites y lejos de preocuparle las cosas inmediatas, entraba en una dimensión diferente, en la encrucijada de espacio y tiempo en la “Cual simplemente se es infinito y eterno. Michael encajaba perfectamente en esta encrucijada por eso más tarde no se extrañaría de volver a encontrarlo. Había continuado por el sendero y cuando llegó al borde del terraplén divisó a lo lejos la cantera y el lago que en ella construyeran cuando se decidió declarar la zona patrimonio histórico-turístico y objeto de museo. Un poco más lejos se podía ver el viejo caserón con el molino cuyo canal estaba interrumpido aquí y allá por grandes compuertas de madera enmohecida por el tiempo, pero que hacían adivinar otros remotos y prósperos en los cuales el agua debía correr o detenerse atendiendo a la inquebrantable voluntad de aquellas maderas. El molino se erguía arrogante y retador al tiempo, entre sus aspas quebradas, María sabía que guardaba innumerables secretos, al igual que las grandes rocas al fondo del lago que habrían estado siempre en los anos felices y en los tristes, que seguirían estando…

Había permanecido como estaqueada, intimidada por el paisaje y luchaba por salirse del ensueño en el que el fuerte sol de diciembre la sumergía cuando alguien la tocó en el hombro sobresaltándola. Se había dado la vuelta y lo había visto en su uniforme rojo y azul con el par de ojos más angustiados que pudieran existir.

-Sigo esperando mi fragata, le había dicho, me llamo Craig, Mlchael Cralg. Diles que necesito ayuda para volver. Un día, cuando el mar este sereno la veré pasar cerca de la playa. Auchmuty volverá con su nave, y entonces deberé estar ahí. Construiré una hoguera para que me vean. Una enorme hoguera cuya luz ilumine estas tinieblas en las que las víctimas de las invasiones, nosotros, los peones invasores nos encontramos. Entre la gloria prometida y la Justicia, hoy sé, están las tinieblas. Si de ellas me escapo y logro volver a casa, les gritaré a los míos que no debe volver a ocurrir. Por eso ayúdame y enciéndeme tú esa hoguera. Diciendo esto había quedado en el aire, sonido y eco, figura y sombra.

Había mucha bruma pero también humo. Un fuerte olor invadía todo el ómnibus, olor a muerte, a lo que queman en los cementerios. Estaban pasando muy cerca de uno. Este quedaba en una altura y desde su promontorio bordeado de cipreses, alguien .seguramente estaría viendo tal vez indiferente, el mar, la rambla de Buceo, el ómnibus al pasar, su constante ir y venir, el destino.

Ahora sólo quedaban el chofer, el guarda, Maiztegui y María. Ellos dos también se bajarían pronto. De repente está todo muy tranquilo, qué habrá sido de la tormenta, comentó María.

-Una serenidad engañosa como la del ojo del huracán. En los días como hoy, el mar trae sus secretos a la playa, los deja junto con la resaca, solían decir en mi pueblo. Tienen razón.

La voz de Maiztegui se disipó en un susurro y entornando los ojos quedó absorto en la contemplación de aquel pasado que seguramente ahora rememoraba. María también recordó su secreto, y supuso que la hoguera de Michael estaría a punto. Hoy era un buen día, tal vez el día, y cuando llegara el momento debería estar preparada. Le había tocado acceder a un destino paralelo al suyo, en sus manos estaba la posibilidad de alterarlo, pero era difícil decidir qué era lo justo. Difícil administración la de la justicia, tradicionalmente adjudicada en patrimonio a religiones e instituciones y no a los hombres en particular. Pero era hora de que esos planteamientos cambiaran y ahora ella tenía la oportunidad de la ejecución. Recordó a Michael juntando maderos para su hoguera, lo había estado haciendo durante muchos días. No habían hablado más, es decir, Michael no le había dirigido más la palabra. Ella no lo había hecho nunca, no había sido necesario. ¿Cuándo había satisfecho su curiosidad con respecto a Michael?

Parecían haber pasado mil años y habían sido sólo unos días. Había recordado los hechos y los había confirmado. EI libro de historia, Auchmuty, el desembarco invasor el dos de agosto de 1806 y más tarde en febrero la Brecha, hasta el lugar coincidía: la  Playa de los Ingleses. No le había hecho falta más, supo que Michael había esperado todos esos años para volver y ahora le pedía a ella ayuda. Había sido un instrumento, le había dicho. ¿Pero hasta qué punto los instrumentos pueden ser inocentes?

Ya estaban en la parada de su casa, el guarda contaba las monedas y hacía paquetitos de diferentes tamaños con habilidosas manos, bajo su gran nuez. Le gustaría verle los ojos, la expresión. ¿Qué pensaría?  ¿Sentiría rabia, hastío? Le resultaba difícil creerlo. Ella sí se sentía cansada, hastiada. El viejo se levantaba con dificultad.

-Vamos María, a qué esperas; siempre en la luna.

-Ah! si ya estamos, de nuevo me pasaba.

Bajaron por la puerta delantera al lado del chofer. María lo miró pero tenia la vista fija en el frente. Antes de bajar y mientras esperaba que lo hiciera el viejo, intentó una vez más adivinarle la expresión al guarda, a ese hombre sin rostro. Pero allá en el fondo del ómnibus, sólo vio un bulto gris inclinado sobre las monedas tras dos largas hileras de asientos vacíos. Ya abajo Maiztegui la saludó sin volver la cabeza y siguió su camino musitando algo sobre las tormentas y la calma, playa abajo hasta su casa. María se quedó mirándolo desaparecer con su paso lento entre la bruma. Entonces lo vio, lo vio a él y a su hoguera aún apagada. Estaba justo en el camino del viejo. Pero éste no se detuvo, siguió con su andar enfermo hasta que le caminó a través y se perdió definitivamente en la niebla.

María continuó como paralizada observando a Michael y a su montón de madera. Tenía la vista perdida en el horizonte y no hacía el menor movimiento. Estaba todo muy calmo, el mar invadía los sentidos y reinaba un extraño silencio. A no ser por el sonido del motor del ómnibus que permanecía ahí, por alguna razón parado. María finalmente se decidió, era verdad que ese daño ya estaba hecho, pero había otros horrores de guerras vigentes que no debían quedar impunes. Se dio la vuelta, pasó por delante del ómnibus, cruzó la rambla  y se encaminó a su casa.

Allá en el mar, entre la bruma, se hubieran podido distinguir unas velas blancas que pasaron flotando en medio del silencio, en un tiempo de otros. Pero no quedaba nadie para verlas. Maiztegui ya estaría encendiendo el primus, María en ese momento abría la puerta de su casa y se metía dentro. Una gaviota cortó, por un instante, la bruma con su súbito vuelo, el ómnibus tembló y partió.

Myriam Mercader / Masnou 1984.

……………………………..

Nota: 

El texto que sigue apareció en la Revista del Sur nº3 de 1984 junto con el presente relato .

El cuento que presentamos fue escrito por Myriam Mercader, una joven narradora uruguaya (1953), y poeta, pues resulta difícil entender – si no es mediante la poesía – el sabio contrapunto de La Hoguera, la magnífica aparición de ese triste fantasma que mora allá en el sur.

El tema de la ausencia no es nuevo en la literatura uruguaya contemporánea y se hace presente con especial fuerza después de la instalación de los militares en el poder. En la narrativa ha habido estupendos ejemplos, desde La canción de nosotros, novela en la cual la ausencia es poesía y el regreso acción, pasando por Primavera con una esquina rota, y llegando a este breve y deslumbrante cuento: La Hoguera.

Michael Craig ha de regresar algún día. Quizás no. La ausencia extiende puntos suspensivos en un horizonte sin tiempos. Sin embargo, no es sólo ella que devasta a esa alma errante; cargada de otras angustias se asfixia en tinieblas de arrepentimiento y fracaso. Aquí la ausencia se nutre de otros valores, que la autora maneja, alterando así el sentimiento reminiscente y nostálgico con otros niveles de densidad no menos dramáticos que asumen a Michael como símbolo. Su conflicto, transmitido por un hálito de soledad y congoja, se incorpora y despierta interrogantes, vacilaciones: pero otros fantasmas vigentes, despojados de compasión y dudas, liberarán a María, de un paralelismo en el que se identifica, para sumarse – también en ausencia – a un silencio ejecutor que no concede hogueras.

La autora corresponde destacarlo, en momentos en que esta edición entra en máquinas es galardonada con el Premio Platero del Club del Libro en Español que otorga la O.N.U. y que le será entregado en Ginebra por su cuento El Condenado. 

Tal reconocimiento a los méritos literarios de esta joven escritora nos llena de satisfacción y sumamos a la decisión nuestra más viva congratulación.

 

Simposio de Arte en Milano

Aparecido en la Revista Cultural BOEK 861

UN SIMPOSIO ARTÍSTICO SULL’ AMICIZIA / REPORTAJE DE MYRIAM MURIEL MERCADER

El Simposio L’Arte in una Stanza. Un Simposio Artístico sull’ Amiciziaorganizado por el Laboratorio di Cromatografía y el Osservatorio Figurale de Milano los pasados días 5 al 10 de abril,  donde participaron artistas de varios países de América y de Europa fue mucho más que un Simposio de Arte, fueron unos días llenos de magia e inspiración, me atrevo a asegurar, para todos los que tuvimos la suerte de participar en él y donde la Amistad como su nombre indica, resultó ser la gran protagonista.

DOCUMENTACIÓN ANTERIOR:

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Artistas participantes en el Simposio

Para comenzar el espacio del Atelier compartido por el Laboratorio di Cromatografía y el Osservatorio Figurale , así como la hospitalidad de Claudio Jaccarino y Anna Lisa Guarino resultó un marco artístico que nos trasladó a una dimensión literario-pictórica muy especial donde los Libros de Artista, las Acuarelas y las sesiones de diseño con excelentes modelos – que no solo se limitaban a posar sino casi a protagonizar escenas teatrales – realmente nos sedujo y enriqueció de manera extraordinaria.

Más no todo se limitaría al Atelier y a sus sorpresas en forma de libros de artistas que colgaban de sus techos, espejos que multiplicaban las obras, olores y colores de pinturas y texturas diversas, sino que el segundo día de Simposio nos llevaría al Puente de los Artistas de Milano donde durante toda la jornada Claudio Jaccarino y César Reglero se adueñaron de sus paredes para imprimir en ellos alfabetos y escrituras mágicas que hacían que el público que recorría el puente se detuviera atraído por las impresiones que les provocaba y quisiera interactuar con los artistas.

El resto de los días además de las charlas de Arte, Poesía Visual, Acuarela y Acrílico a cargo de los participantes, Claudio Jaccarino nos tenía reservado un maravilloso intercambio artístico en la forma de Libros de Artista a Cuatro Manos. Un diálogo entre artistas que se plasmó en la confección conjunta de  libros dibujados, pintados o escritos por los participantes y que fueron repartidos entre nosotros como recuerdo de estas jornadas.

Myriam Mercader dió una charla sobre Poesia Visual y entre los participantes se creó un debate de qué es lo que significaba la Poesía Visual para cada uno de los artistas participantes. Muchos de ellos pintores o dibujantes y no Poetas Visuales.

Se comenzó dando algunas explicaciones sobre el concepto de poesía visual así como dando algunos ejemplos de poemas visuales para que los asistentes pudieran dar su propia visión. Para ayudar en esta tarea compleja, ya que pocos son los creativos que se ponen de acuerdo en su definición, se distribuyo entre los asistente algunos conceptos elaborados por creativos especializados en esta materia.

Estas de nociones, elaboradas algunas veces de manera metafórica, otras como greguerías y, la menos, de manera técnica, dieron pie a un interesante debate en torno a los limites y las posibilidades de un género experimental que muchas veces entronca con un concepto multidisciplinar.

Posteriormente se pasó a hacer una reseña desde el S. III a. de C. pasando por los griegos época carolingia y los famosos Carmina Figurata, hasta llegar a los caligramas der Apollineire. Por esa época otros movimientos como el surrealismo, dadaísmo y futurismo, catapultaron la idea de la búsqueda de la libertad en el arte y la poesía, buscando lo aleatorio y huyendo de lo rígido, provocando en el espectador sensaciones diversas y un concepto más amplio de la denominada “escritura en libertad”.

También se habló de la analogía sonora, fonética o semiótica, dejando espacio para la poesía letrista y concreta. Tampoco podía faltar el concepto de arte total por cuanto la poesía visual y experimental también trabaja en el terreno de el arte acción, el poema objeto, poema transitable, ciberpoesía,etc.

Un tema controvertido fue el tratamiento que da la publicidad a la poesía visual, enmarcándose en un ámbito donde no se busca la participación del receptor libre y directa. Por el contrario, se dirige su atención hacia el valor concreto del consumo, restándole con ello el valor esencia del poema que consiste en transmitir emociones y sensaciones dentro del descubrimiento conjunto del espectador y el artista.

El variopinto barrio de Isola, donde se sitúa el Atelier, es un lugar que reúne al Milano de décadas pasadas con el Milano moderno del siglo XXI, con edificios emblemáticos tales como el Bosque Vertical, el Edificio de la Memoria, o el Google Italia, así como decenas de bares, restaurantes, pubs de música en vivo y discotecas para los jóvenes, todo ello en un marco mágico de fuentes de colores que iluminan la noche milanesa.

En muchos de estos sitios de ocio y gastronomía nos encontramos expuestas las obras de artistas participantes como Isabel Jover, César Reglero o el mismo Claudio Jaccarino que nos convidó a la inauguración de su última colección de cuadros en un Ristorante muy especial donde Massimiliano Masa nos obsequió retratos a la acuarela de algunos de nosotros pintados en el momento, mientras admirábamos los cuadros de Claudio.

Obra de Claudio Jaccarino

La ciudad de Milano aún nos reservaba otra maravillosa experiencia, nada más ni nada menos que el más espectacular museo a cielo abierto del mundo: Il Cimitero Monumentale di Milano. La Sra. Carla de Bernardi de la Associazione Amici del Monumentale di Milano, fue nuestra particular guía por el ingente número de obras de arte a cargo de los mejores artistas que desde 1866 erigieron los mausoleos de los más relevantes personajes de Milano.

Detalle del Cementerio de Milan


Cuando tanta actividad y emociones ya parecían que no podrían superarse, nos esperaba un paseo por El Lago Mayor al norte de  Milano, a tan solo tres kilómetros de Suiza. Por cortesía de Savi Arbora – Presidente de la Asociación de Artistas del Puente de los Artistas – fuimos invitados a recorrer uno de los pueblecitos más encantadores a orillas del lago: Maccagno. El Alcalde de Maccagno, el Sr. Fabio Passera, es un entusiasta del Arte y junto con Savi Arbora pretende fomentar la presencia de artistas que vivan y trabajen en el centro medieval de este pintoresco emplazamiento con vistas bucólicas hacia el lago. Maccagno ya cuenta con un Museo de Arte Contemporáneo construido sobre las aguas, un Auditorio y una Casa de los Colores dedicada a que los jóvenes se introduzcan en la escultura en arcilla, la cual producen y exponen en distintos lugares del pueblo. Todo ello lo convierte en un pueblo totalmente atípico para su tamaño y emplazamiento entre los Alpes.

Y el tiempo se precipitó hasta alcanzar la última Cena Conviviale da Claudio, como figura en el programa del Simposio Artístico Sull’Amicizia.  Ahí fue protagonista la simpatía y tranquila sabiduría de Teresa Ricco quien nos animó a que realizáramos una acción gastronómica para la cual dispusimos de diversos manjares de colores y formas distintas que nos ayudarían a crear un plato de artista que estuviera a la  altura del simposio. Lo hicimos con mucha alegría y esmero,  y después de los postres, a instancias de Janet Jaccarino, construimos torres de madera en un juego zen que nos atrapó en un clima de competición y suspense hasta bien entrada la medianoche.

La artista Anna Lui en el Puente de los Artistas de Milano

Cuando llegó la hora de despedirse, sentimos que dejábamos atrás un cúmulo de amigos que no solo nos abrieron las puertas de su casa y de su arte, sino que compartieron con nosotros la misma emoción frente al hecho artístico y que nos enseñaron mucho, incluido su inagotable entusiasmo por nuevo proyectos. Son estos proyectos de futuro, como el hermanamiento del Puente de los Artistas de Milano con otro en Tarragona, así como en diversas ciudades más a lo largo y ancho del globo,  lo que nos dio ánimos para que la partida no resultara el adiós un tanto nostálgico de lo que se acaba, sino la entusiasta esperanza de un futuro de cooperación, amistad e intercambio artístico que siga adelante sin respetar mares ni fronteras.

Puente de los Artistas de Milano

Ambigüedad Moral en “The Pupil” y otras obras de Henry James

Henry James


El propósito de este artículo es el análisis del uso por parte de James de lo que se ha llamado ‘ambigüedad moral’ teniendo como punto de partida su obra The Pupil. Sin embargo, ya que esta característica narrativa no es exclusiva de esta obra, también se anotarán algunos paralelismos con otras de sus obras como The Aspern Papers, The Turn of the Screw, The Wings of the Dove, o The Spoils of Poynton por citar alguna

En términos generales podemos afirmar que James recurre a la ambigüedad moral para producir en nosotros justamente la advertencia de lo moral y por consiguiente la necesidad de una reacción del lector estableciendo en la vida, que no es otro que el universo de la novela, una moralidad clara e inequívoca a riesgo que de no ser así se produzca como en The Pupil un desenlace fatal. Y es que para James, ambos mundos se pisan, la vida es arte pues el arte es una impresión directa de la vida.  El lector así, mediante su azoramiento frente a lo ambiguo en un tema tan trascendente, no podrá más que reflexionar y a adoptar una posición moral en relación con la anécdota.

The Pupil nos desvela el terrible drama de un niño-adolescente que sufre el desamparo moral de su familia (aunque de una manera más que sutil) y que tras un largo deambular compartiendo experiencias con su tutor cree encontrar en él ese asidero moral que le es tan necesario. Pero, y aquí la maestría del autor, el tutor también ha sufrido en el proceso de concienciación de lo moral, también tiene sus dudas, ha sido engañado, ha vivido su propio descenso a los infiernos y termina por provocar la tragedia. No es capaz de tomar una decisión inequívoca, de hacer que prevalezca lo moral, de renunciar a sí mismo en aras de su pupilo.

James estuvo siempre muy preocupado por la conciencia moral que debe yacer bajo toda obra literaria. En palabras de Harold Beaver lo que James más valoraba era ‘refinement’, ‘awareness’ y ‘conscious moral purpose’ ….o como más tarde concluye en el mismo estudio ‘It is moral awareness – the Arnoldian* appeal to the ‘amount of life felt’ – to which James always returned, whether (at its thinnest) in Hawthorne or (at its fullest) in Elliot.[1]

Es ésta una de sus mejores historias de duración media, llamadas también tales, que escribió a la edad de cuarenta y siete años cuando estaba muy arriba en su propia escala de excelencia como escritor. Sin lugar a dudas, The Pupil  nos ofrece todos

los ingredientes jamesianos , por nombrar algunos : temas como el de la renunciación (aunque tratado más por su ausencia que por su existencia), o la interacción inociencia-corrupción; y técnicas narrativas tan suyas como la del narrador-observador con punto de vista limitado, el foreshadowing, o la que especialmente nos interesa en este escrito : la ambigüedad.

La primera parte de este trabajo analizará estos dos aspectos : la visión moral de James y las técnicas de las que se vale en The Pupil para producir en nosotros ese grado de conciencia de lo moral.

La segunda parte del trabajo está dedicada al análisis textual propiamente dicho de The Pupil, para detectar así los casos de ambigüedad moral manifiesta entre sus líneas y poder valorar el proceso de revelación por el cual James guía a sus lectores, hasta la concienciación final.

La Tercera parte, intentará abordar esa curiosa inclinación que tuvo Henry James de utilizar personajes muy jóvenes, sobre todo en el período al que esta obra pertenece, para resaltar, aún más si cabe, el contraste corrupción-inocencia muy presente en sus obras. Esta fase – también llamada de Los Niños Inocentes –  en la literatura de James surge, curiosamente, muy cercana a la debacle teatral que nuestro autor había sufrido. Analizaremos en esta sección – someramente-  también pues, como su experiencia teatral influyó en su forma literaria, lo que se puede advertir en The Pupil.

Finalmente la Cuarta Parte trata de un tema muy ligado a la Ambigüedad Moral y que surge recurrentemente en la obra de James : el dinero, o muchas veces como en el caso de The Aspern Papers o The Spoils of Poynton  materializado en otras formas de manifiesto valor si no en dinero propiamente dicho. El dinero tendrá su papel primordial en The Pupil donde aparecerá como un tema casi tabú por lo innombrable aunque siempre subyacente a esta ambigüedad moral que estamos tratando.

James escribió The Pupil en 1890, comenzando con ella – casi como preámbulo – lo que se ha llamado, como comentamos anteriormente, su Fase de Niños Inocentes que luego completaría con obras como What Maisie Knew (1897), The Turn of the Screw (1898), In the Cage (1898) o The Awkward Age (1899).  En todas ellas niños inocentes experimentarán distintos grados de agravios que terminarán produciendo en ellos efectos devastadores y que irán desde la imposibilidad de madurar a su ritmo o la pérdida de la inocencia como es el caso de Maisie hasta la propia muerte como le sucede a nuestro Morgan en The Pupil o a Miles en The Turn of the Screw.

PARTE I

VISIÓN MORAL EN HENRY JAMES Y TÉCNICAS QUE EMPLEA PARA SU CONCRECIÓN EN LA HISTORIA

  1. Visión moral

Como ya se ha anotado en la Introducción haciéndonos eco de las palabras de Harold Beaver. ‘It is moral awareness to which James always returns’ . ‘Moral awareness’ o conciencia moral, tal vez mejor expresado como la energía moral que impregna y recorre toda obra, es de vital importancia para Henry James. En The Art of Fiction le debate al Sr. Besant su somera alusión al ‘conscious moral purpose’ de la novela:

‘This branch of the subject is of immense importance, and Mr. Besant’s few words point to considerations of the widest reach, not to be lightly disposed of. …It is a question surrounded with difficulties, as witness the very first that meets us, in the form of a definite question, on the threshold. Vagueness, in such a discussion, is fatal, and what is the meaning of your morality and your moral purpose?’ [2]

Queda claro que James valoraba inmensamente el propósito moral consciente del escritor y la dificultad de definición intrínseca de lo moral – tanto en lo estrictamente literario como en la vida – . Las formas en que nos alerta hacia este tema en casi todas sus obras son variadas pero siempre certeras y,  por sobre todo apuntan a que la idea de moralidad no puede ser vaga : ‘vagueness is fatal’.

Él, al igual que muchos otros, entre los que podríamos citar a Whistler§ o Wilde¨, se debatió en el intento de calificar a la vida y al arte, concluyendo que son una misma cosa. No existe el arte fuera de la vida  ni la vida sin arte. La novela para James no es otra cosa que lo que definió – también en su magistral  The Art of Fiction – como ‘ a personal, a direct impression of life’. Pero esta impresión de vida conlleva, sin lugar a dudas, como inseparable del hombre : su conciencia moral. El arte trasciende la pura forma, los problemas de ejecución y hasta de documentación (por lo que cuestionó a Zola durante mucho tiempo). El arte es algo más, dijimos que es vida. Sin embargo esta vida para ser auténtica para poder ser arte debe ser vivida en su plenitud, sintiéndola a la manera arnoldiana – the amount of life felt- dándole un significado, en definitiva solo puede considerarse como tal si posee un trasfondo moral.

A James se le ha criticado, como lo hizo Frank Moore Colby, que sus personajes no tienen cuerpo. Sin embargo el lector de James sabe que lo que al autor le importa es la conciencia humana y que tal vez si hubiese tratado con más detenimiento lo corporal – lo material –  Henry James podría haberse alejado de lo que verdaderamente le importaba.

Por esta razón cuando tratamos con escritores como Shakespeare o James, preocupados por la mente humana y sus cuestionamientos, inmediatamente surgirá la pregunta de cuál era sus visión moral. Ya hemos comentado que la visión moral de James la encontramos en textos explícitos como The Art of Fiction,  sin embargo, la evidencia que nos dejan sus obras es aún más importante.

Cualquier análisis que hagamos acerca de los elementos morales que surcan la obra de James tendrá que basarse en lo que podríamos llamar actos o elecciones morales de sus personajes. A saber, la decisión de Isabel Archer de volver con su marido, la decisión de Stretcher de volver a América, la decisión de Newman de renunciar a su venganza sobre los Bellegarde o la decisión de Pemberton, en la obra que estamos estudiando, ésa que en realidad nunca tendrá que tomar pues Morgan no le dará tiempo, presintiendo de antemano lo que su tutor decidirá. The Pupil nos ofrece uno de los casos de elección moral más ambiguos al punto que no sabremos nunca con certeza cual  ésta hubiese sido.

Los protagonistas de James tienen, sin lugar a dudas, posiciones morales muy personales y profundamente sentidas y por otro lado son consecuentes con su personalidad. Nunca tendrán actitudes que no se condigan con sus “personajes”. En su ficción Henry James creó un mundo de conciencia moral donde todo acto moral es relevante e importante aunque no por ello seguirá los cánones dogmáticos. Y si bien la vida en sí no es fuente directa de moralidad, sí nos provee de las condiciones en medio de las cuales las elecciones morales se deben tomar.  En este aspecto la obra de James está ligada a la realidad. De ahí la famosa frase de James que hemos mencionado antes y que viene a decir que el sentido moral de la obra de arte depende totalmente de la “cantidad de vida sentida” (the amount of life felt) que haya intervenido en su producción.

Un tema a debatir es si la visión moral de James es pues la que se deduce del devenir de sus historias y del hacer de sus personajes. ¿Creía James que el hombre es libre de decidir o por el contrario es víctima de un determinismo más poderoso que su voluntad?

Si nos fijamos en algunos de sus pasajes como en el caso de The Ambassadors cuanto Strether le aconseja a Litlle Bilham tomar una decisión :

What one loses one loses; make no mistake about that. The affair – I mean the affair of life – couldn’t, no doubt, have been different for me; for it’s at the best a tin mould, either fluted of embossed, with ornamental excrescences, or else smooth and dreadfully plain, into which, a helpless jelly, one’s consciousness  is poured – so that one ‘takes’ the form, as the great cook says, and is more or less compactly held by it; one lives in fine, as one can. Still, one has the illusion of freedom; therefore don’t be, like me, without the memory of that illusion.

Debemos argüir que la visión de Strether es la de James? No necesariamente. Sin embargo no hubiese puesto estas palabras en boca de su personaje sin no las hubiese meditado antes. Es posible que quisiera describir con ellas la sabiduría humana acumulada en cuanto a la responsabilidad del comportamiento humano. La doble visión de que los actos humanos, tanto en la vida como en el arte son provisionales y en definitiva ambiguos. Volvemos pues siempre a la ambigüedad : un acto humano que no esté condicionado es inconcebible. James al privar a algunos de sus personajes  de la necesidad apremiante de tener que preocuparse por el dinero (cosa que por otra lada también ha sido criticada), está fijando el foco de interés en otras condiciones que pueden resultar más interesantes para su análisis. Está fijando la atención en otras tensiones más sutiles que atañen a la condición humana. Puede que sus personajes no tengan cuerpo – como dicen algunos – pero todos coincidirán en que tienen una capacidad enorme para sentir y para realizar elecciones morales, sean estas ambiguas o no.

Toda la obra de James está tintada por este trasfondo moral – que no moralina – a veces bajo formas sutiles, irónicas, o ambiguas.  Renegó en cierto modo de Flaubert por la falta de moralidad que alguna de sus obras reflejaba y de Balzac y

Maupassant pues también demostraban demasiada poca estima a la dignidad personal en sus obras .

 The Pupil en este aspecto no es una excepción, muy lejos de ello tal vez sea una de las piezas más claras de conciencia moral manifiesta. Entraremos en detalle en cuanto a The Pupil en el análisis de la segunda parte de este documento. Puede resultar ilustrativo, sin embargo,  citar aquí algunos otros ejemplos de ambigüedad moral en otras de sus obras. Uno de los más notorios es el caso de The Aspern Papers cuyo narrador cuenta en primera persona su renuncia moral al aspirar a la posesión de unas valiosas cartas a cambio de hipotecar su dignidad y venderse a un matrimonio esperpéntico, y qué, paradójicamente en el proceso, logra volver a la vida a unos personajes perdidos en un pasado mohoso y yerto, hasta qué al final, quemadas ya irremediablemente las cartas deseadas, siente vergüenza de si mismo. Al igual que en The Pupil el uso de un narrador-observador implicado en la historia, y por lo tanto no fiable, suscita situaciones de extrema ambigüedad y por consiguiente de ambigüedad moral. Semejante situación se da en The Turn of the Screw a través de cuyas páginas es la institutriz la que nos cuenta la historia, que casi siempre veremos solo a través de sus ojos – si acaso ayudados por la visión auxiliar de su confidente la Sra. Grose – y que hasta el día de hoy mantiene división de opiniones con respecto a su significado y al papel de responsabilidad moral que desempeña la institutriz en el desgraciado desarrollo de la historia.  Es de señalar la coincidencia que existe entre The Aspern Papers y The Turn of the Screw cuyos narradores-observadores implicados en la historia no tienen un nombre definido adjudicado por James, al mismo tiempo que narran ambos en primera persona. Para no hacer más tediosa la enumeración citaremos tan solo otro caso más de ambigüedad moral, la de una de sus mejores obras de la última etapa: The Wings of the Dove. En esta novela la ambigüedad moral se mantiene – a través de silencios y de palabras no pronunciadas– hasta el último momento cuando se resolverá mediante la renunciación – el otro titán de la obra de James – y así nuestros protagonistas se salvarán moralmente aunque no por ello  obtendrán ni la felicidad ni tampoco el reconocimiento social por el cual recorren su propio calvario a lo largo de toda la obra.

Beaver en su comentario advierte de la particular forma de visión moral de James y de las similitudes con Hawthorne y con Elliot, pero fue a George Elliot a quién admiró realmente sobre todo en su primera etapa, cuando su concepto de moral se acercaba más al de la escritora ganándole siempre, en estas primeras obras, la batalla la conciencia a la pasión. Más tarde – a través de las nueve críticas que hizo de la obra de Elliot – le supo ver defectos como que en la vida real no siempre la renunciación traía consigo felicidad espiritual y aceptación social, sino amargura y soledad. Así lo plasmó en novelas como The Wings of the Dove , acercándose de esta forma a escritores como Ruskin o Arnold.

2.  Técnicas de narración

2.1.      Realismo psicológico.

Henry James era un realista, pero un realista a nuestros ojos modernos y no tanto para sus contemporáneos, pues se le reprochó falta de realismo, como fue el caso de críticos como H.L. Mencken u otros que alegaron que su mundo era demasiado estrecho e incompleto como para poder llamarse realista. Es que James no estaba

preocupado por todos los aspectos de la vida. Siempre intento evitar lo feo, lo vulgar, o lo común. No se preocupó como Dickens de la pobreza, o de la pelea por la subsistencia, eligió una franja social que conocía muy bien y cuyos miembros

eran susceptibles de dedicarse al goce de los refinamientos que nos depara la vida, sin por ello dejar de tocar también fondo. En su mundo James es realista, todos sus personajes actúan conforme a sus características psicológicas y nunca transgredirán su naturaleza esencial.

Su idea de realismo estaba en contraposición con la de romanticismo. Es decir, lo romántico implica todo aquello que como hombres nunca lograremos alcanzar, mientras que, lo realista es aquello que como hombres podremos esperar encontrar en el devenir de nuestras vidas. Así, sus personajes van creciendo a lo largo de la obra pero no actúan de forma transgresora a su propio esencia. La elección de esta franja social para pintar su especial cuadro de ‘vida’ no le resta autenticidad, profundidad o carga moral. Sus personajes se pueden arrastrar por las zonas más oscuras de la decadencia humana, sin que por ello el arte de James deje de ser refinado. James es capaz de mostrarnos lo más crudo con refinamiento, es esta su maestría. Sus personajes tocan todos los mundos, ascienden al paraíso, buscan sus propios paraísos perdidos, o descienden a los infiernos, y los lectores sentimos en todo momento su angustia.  El enfoque es especialmente psicológico, no en balde Henry James ha sido llamado el padre del realismo psicológico.

2. .2.    Estructura de sus novelas

Las novelas de James están estructuradas alrededor de un centro  hacia el cual todos los hilos convergen, y que, en sus propias palabras, es lo que ‘supremely matters’ En The Pupil aquello que ‘supremely matters’ es la relación entre Morgan y su tutor basada en la confianza y la fidelidad, ante las cuales la mínima traición solo puede dar lugar a la muerte del inocente.

También el proceso de creación de James era innovador para su época pues al contrario de los que comenzaban con un tema o una idea y luego la desarrollaban creando personajes que se movieran en ese universo hasta propiciar el fin deseado, James partía de una situación, ponía los personajes a funcionar en ella y los observaba mientras iban dando forma al desenlace final, que muchas veces confesó, no conocía con antelación. Eso sí, una vez creado el personaje y en marcha nunca traicionaría su psicología. En este aspecto volvemos a repetir, James fue fundamentalmente realista.

2.3. Narrador-observador, punto de vista limitado  y confidente

Una de las contribuciones al arte de narrar de James fue el especial uso que hizo del punto de vista, el ángulo desde el cual se cuenta la historia. Hasta entonces, casi siempre esta especial mirada era la del escritor, era él el que contaba la historia y dirigía la reacción del lector. James creó una inteligencia central, a través de la cual el lector casi siempre ve los acontecimientos y que en muchas ocasiones es también el personaje central de la obra.  Sin embargo, esta inteligencia central suele tener  un punto de vista limitado y no lo conoce todo. El lector correrá el riesgo de identificarse tanto con el personaje central que perderá la perspectiva general, hasta que en un momento de catarsis James lo llevará a comprender, o al menos a que surjan dudas que el lector deberá resolver, tal vez creando nuevas incógnitas. En pocas palabras:  provocará la reflexión en el lector.

James escribió en una época en la que nada se sabía de técnicas como ´stream of consciousness´ y por lo tanto el escritor no se sentía libre para zambullirse dentro de las mentes de sus personajes y escudriñar sus más recónditos sentimientos. Para suplir esta necesidad James utilizó la figura de un personaje confidente, es decir, un personaje de gran sensibilidad a quien el personaje principal revela su sentir y su pensar y como consecuencia de ello también les son revelados al lector. Pero James a veces juega con nosotros muy sutilmente y nos presenta a este observador-narrador que- aún cuando se pueda complementar con un confidente- tiene un punto de vista limitado. Es decir en realidad no lo llega a saber todo, algo siempre se le escapa pues en parte este algo esta relacionado con su propio ser, con su propia esencia. En el caso de The Pupil todas estas técnicas confluyen para crear esa ambigüedad que analizaremos en detenimiento más adelante, pues inteligencia central, observador-narrador y punto de vista limitado parecen amalgamarse en un solo personaje que es Pemberton que cuenta la historia, actúa de confidente de Morgan y al mismo tiempo enjuicia a la familia, se distancia de ella, se implica, se deja engañar y termina por engañar el mismo, cometiendo los mismos errores, siendo víctima de los mismos defectos y por ende asestando irremediablemente el golpe fatal. Conocemos a Morgan muy poco por sus propios actos, pues no debemos olvidar que todo lo que sabemos de él nos lo esta contando Pemberton,  Lo único que sabremos de Morgan al mismo tiempo que Pemberton-inteligencia central-narrador-observador  será lo que nos sorprenda a nosotros tanto como a él, ese grado de desesperación final de Morgan que será demasiado para su débil corazón.

Pemperton es uno de tantos narradores no fiables que surgen en la narrativa jamesiana como también lo es la institutriz de The Turn of the Screw, el narrador-observador de The Aspern Papers o Winterbourne en Daisy Miller. Todas ellas historias donde la ambigüedad moral desempeña su papel revelador de la necesidad de un trasfondo moral como basamento de toda relación personal.

2.4. ‘Foreshadowing’

Otra técnica narrativa que James utiliza magistralmente es la llamada ‘foreshadowing’:  ese presagiar acontecimientos que terminarán por suceder de forma ineludible y para los cuales mediante esta técnica nos va preparando, dotando a la obra, una vez más, de un realismo irrefutable. En los primeros dos párrafos de The Pupil James nos introduce en una serie de asuntos de ‘extrema delicadeza’ que marcarán el resto de la historia:

The poor young man hesitated and procrastinated: it cost him such an effort to broach the subject of terms, to speak of money to a person who spoke only of feelings and, as it were, of the aristocracy’…………..When Mrs Moreen bethought herself of this pretext for getting rid of their companion Pemberton supposed it was precisely to approach the delicate subject of his remuneration. But it had been only to say some things about her son that it was better a boy of eleven shouldn’t catch. They were extravanglantly to his advangage save when she lowered her voice to sigh, tapping her left side familiarly, “And all overclouded by this, you know; all at the mercy of weakness-¡”

Vemos la delicadeza de Pemberton al no querer tocar el problema de su remuneración directamente pues es evidente que lo entiende como vulgar; el niño, Morgan, que evidentemente es el tema delicado por el que su madre lo anima a ausentarse de la habitación para así del cual poder hablar con Pemberton mas libremente;  y también el tema de la delicada salud de Morgan a la que su madre ya alude en estos dos primeros párrafos. Todos temas que nos  ponen en antecedentes de lo que importará en la obra. En esta misma línea James seguirá haciendo uso de la técnica del foreshadowing a lo largo de la historia.

2.5. La ambigüedad y la falta de comunicación entre los personajes.

El tema de la renunciación es de los recurrentes en toda la obra de James, y en The Pupil no podía faltar, pero como con el caso del tema de la moralidad aquí se caracteriza por su ambigüedad. A lo largo de  toda la obra,  tenemos la sensación de que Pemberton renunciará a vivir su propia vida para dedicarla a Morgan, de hecho no lo está haciendo ya?   Pero de a ratos vemos que surgen dudas:

‘….the extraordinary little boy who had now become such a complication in his life’

o más cerca del final

  ‘for the first time, in this complicated conexion , our friend felt his collar gall him’….. ‘he saw his youth going and that he was getting nothing back for it’

Es entonces la ambigüedad la técnica que mejor sirve a James para crear en nosotros esa advertencia de lo moral, de lo que debe ser y no esta siendo, de lo que debe suceder y no esta sucediendo. Esta ambigüedad se sedimenta desde el comienzo con la continuada falta de comunicación entre los personajes, una falta de comunicación que va desde la que existe entre Mrs. Moreen y Pemberton desde el primer párrafo de la obra en relación con la remuneración del tutor –y  que se sucederá a lo largo de muchos pasajes de la misma- hasta la que al final se produce entre  Morgan y Pemberton sobre el delicado tema de sentimientos traicionados y que provoca la muerte del chico.

Para crear esta ambigüedad y esta falta de comunicación James se apoya en su técnica del punto de vista limitado. Vemos todo a través de Pemberton, pero Pemberton no lo ve todo, no entiende completamente a Morgan. Hay momentos en los que él se siente también engañado tanto por su pupilo como por el resto de la familia Moreen:

“Dreadfully ill – I don’t see it¡”   the young man cried.  And then to Morgan “Why on earth didn’t you relieve me?  Why didn’t you answer my letter?”

Pemberton ve la situación desde su prisma personal teñido de sus propios egoísmos y conveniencias y no puede ser imparcial.. Aunque de sobra conoce los engaños de los que son capaces los padres de Morgan, en un primer momento también sospecha del chico. Y es que nuestro observador-narrador tampoco tiene conceptos muy claros acerca de la conciencia moral de su pupilo y también está implicado en la historia, forma parte de ella en tal medida que no se puede desligar y nos arrastra en su sentir la anécdota como propia. Tan solo la catarsis final nos despegará de él brindándonos la perspectiva y de alguna manera nos hará poner en orden todas esas incógnitas surgidas a lo largo de la historia, todos esos retazos de moralidad ambigua que habíamos ido percibiendo y que no terminábamos de valorar y de colocar en el rompecabezas de la historia. Es esta última pieza la que de forma casi mágica nos va a recolocar todo lo anterior y ofrecer la explicación final.

PARTE II

ANÁLISIS TEXTUAL DE THE PUPIL: AMBIGÜEDAD MORAL

Este análisis textual pretende resaltar los pasajes que ilustren el tema que nos incumbe : la ambigüedad moral y al mismo tiempo tocará temas relacionados que ayuden a esclarecer lo que intentamos demostrar. La característica mas excepcional de todo el texto el la reiteración con que se suceden circunstancias, situaciones y frases ambiguas y que por descontado incluirán lo moral.

Capítulo I

Ya hemos comentado el comienzo de la historia en cuyos dos primeros párrafos la falta de comunicación entre la Sra. Moreen y Pemberton crea ambigüedad en cuanto a los honorarios que deberá percibir éste último y, hasta por momentos, también  con respecto a la certeza de su eventual integración como tutor de Morgan la cual, al igual que el propio Pemberton, el lector debe prácticamente deducir :

At any rate when Mrs. Moreen got up as to intimate that, since it was understood he would enter upon his duties within the week she would let him off now, he succeeded in spite of the child in squeezing out a phrase about the rate of payment. It was not the fault of the conscious smile which seemed a reference to the lady’s expensive identity,  it was not the fault of this demonstration, which had, in a sort, both  vagueness and point, if the allusion didn’t sound rather vulgar.

Todo en la conversación con Mrs. Moreen es ambiguo, vago ‘had in a sort both vagueness and point’. James nos acostumbra a esta vaguedad desde el principio y nos mete en un clima que será la tónica de toda la obra y quenos llevará a aceptar de forma natural la vaguedad o ambigüedad moral que tiñen las circunstancias. Es interesante recalcar que también en estas primeras líneas se nos apunta el hecho que aunque Mrs. Moreen pertenezca a ‘ as it were, to the aristocracy’ y tenga unas  formas muy sofisticadas, a ratos puede adoptar actitudes que suenan a los oídos de Pemberton

‘rather vulgar’

o más tarde cuando Permberton cae en cuenta que

……As for Mrs. Moreen Pemberton saw on a nearer view that her elegance was intermittent and her parts didn’t always match.

El narrador omnisciente nos irá situando poco a poco en la realidad y será nuestro único punto de apoyo para poder, al permitirnos una perspectiva desde fuera de los ojos de Pemberton, utilizar elementos de juicio claros a la hora de establecer cual deberá ser el patrón moral al cual el autor apunta al final de la obra.

En el Preface James nos define a la familia Moreen como ‘a wonderful American family, an odd, adventurous, extravagant band’. Esta imagen se irá conformando a lo largo de la obra. Las primeras palabras de Morgan – que muchas veces llevarán al lector y a Pemberton a la confusión – refiriéndose a la situación financiera de su familia nos la pintan como acomodada:

“We don’t mind what anything costs – we live awfully well.”

Toda la personalidad de Morgan – al contrario de otros personaje-niño como puede ser Maisie – parece hasta cierto punto contaminada por su procedencia de esta familia de aventureros. Morgan es una víctima de su familia pero pertenece a ella y no puede ser totalmente inmune a su condición. A lo largo de la obra pues le oiremos pronunciar palabras o tener actitudes que llevarán a Pemberton a malinterpretar la realidad. En relación a su situación financiera pronto sabremos que Morgan, aún siendo joven, se da perfecta cuenta de la hipocresía  que reina en su hogar.

Sucesivamente el lector y Pemberton irán dándose cuenta como la familia desciende en esa escala tanto socio-económica como moral hasta que, casi el final- se constata la terrible situación en la que ha caído la familia que ha sido puesta en la calle:

The host and his staff, in a word, had ceased to “go on” at the pace of their guests, and the air of embarrassed  detention, thanks to a pile of trunks in the passage, was strangely commingled with the air of indignant withdrawal.

En lo moral lo que primero conocemos de la familia a través de Pemberton son sus inmejorables intenciones para con su hijo Morgan

the amiable American family looking out for something really superior in the way of a resident tutor

así como exquisitos rasgos de la personalidad de Mrs. Moreen

‘the large affable lady’

o más adelante

‘the lady’s expensive identity’

y que irá degenerando hasta la formulación por parte de Morgan de la pregunta

Why should his people have liked the line of pushing and toadying and lying and cheating?”…..”And never a wince for dignity, never a throb of shame at looking each other in the face

Dentro de esta tónica cada vez más degradante de la moralidad de los Moreen recorreremos también la senda tortuosa de la ambigüedad moral.

En su primer encuentro con Pemberton, Mr. Moreen le explica que

He aspired to be intimate with his children, to be their best friend, and that he was always looking out for them. That was what he went off for, to London and other places- to look out for; and this vigilance was the theory of life, as well as the real occupation, of the whole family.

El man of the world como James reiteradamente califica a Mr. Moreen nos regala uno de los pasajes de mayor ambigüedad moral de la obra.  Dice querer ser el mejor amigo de sus hijos pero no lo veremos hablando con Morgan nunca. Está siempre lejos para paradójicamente poder cuidar mejor de ellos. Y aún, más curioso, sus palabras serán lo más cerca que lleguemos a estar de una definición por parte de un miembro de la familia de cual es su ocupación real a la vez que un ejemplo excelso de ambigüedad : la vigilancia de un hijo al que idolatran como es el caso de Morgan, y que abandonan a la responsabilidad de un extraño que a su vez tampoco tendrá claro su grado de responsabilidad para con el chico como quedará explicito al final de la obra.

Capítulo II

En el capítulo II  James nos cuenta las impresiones de Pemberton y los sentimientos que le provocó la familia aunque visto desde un distanciamiento en el tiempo:

Today after a considerable interval, there is something phantasmagoria, like a prismatic reflexion or a serial novel, in Pemberton’s memory of the queerness of the Moreens…….Their supreme quaintness was their success – as it appeared to him for a while at the time; since he had never seen a family so brilliantly equipped for failure. Wasn’t it success to have kept him so hatefully long?

En la memoria de Pemberton los Moreens ocupan un lugar poco delimitado moralmente. Lo ambiguo del lenguaje es obvio, sin embargo nos choca aún más su significado. La familia había triunfado en mantenerlo con ellos ‘so hatefully long’. Una familia abocada al fracaso cuyo éxito consiste en obligarlo a aceptar una responsabilidad que no es suya. Lo extraño de su cualidad es la clave de su éxito…el hecho de que Pemberton los calificara mentalmente como abocados al fracaso lo induce a permanecer con ellos…. nos preguntamos por qué? Todas estas incógnitas no tienen otro significado que nuestra ‘moral awareness’. Este abonar el territorio por parte de James hará que, cuando el brote reviente, la verdad acabe por imponerse.

Por otro lado James nos sugiere que  Pemberton no está preparado para entender las reglas del juego de los Moreen

He was still young and had not seen much of the world – his English years had been properly arid; therefore the reversed conventions of the Moreens –for they had their desperate proprieties – struck him as topsy-turvy.

Debemos pues deducir que debido a que las convenciones de los Moreen son retorcidas o que Pemberton no posee el conocimiento del mundo suficiente como para entenderlas …. Una vez más James nos hunde en la ambigüedad. Poco después nos sigue confundiendo en ese universo desdibujado

He had thought himself very sharp that first day in hitting them all off in his mind with the “cosmopolite” label. Later it seemed feeble and colourless – confessedly helplessly provisional.

He yet when he first applied it felt a glow of joy – for an instructor he was still empirical – rise from the apprehension that living with them would really he to see life.

Por momentos Pemberton es un personaje engañado e inexperto, luego  inmediatamente pasa a poder enjuiciar a la familia desde un punto de vista distanciado y con la perspectiva necesaria para valorar sus graves carencias – al tiempo que nos indica el gozo que le produce sentir que por fin vivirá la vida si permanece con la familia. Es evidente que no solo las convenciones de los Moreen son topsy-turvy, sino también las suyas y como lectores corremos el riesgo de contaminarnos con la misma facilidad que lo hace nuestro narrador-observador-personaje central.

Al enumerarnos los sentimientos que los padres sienten por el niño – aunque mas tarde lo abandonen a la suerte de su tutor – el narrador-observador-personaje Pemberton  vuelve a las andadas en su  ambivalencia de sentimientos

It was a genuine tenderness, an artless admiration, equally strong in each. They even praised his beauty, which was small…….Pemberton feared at first an extravagance that might make him hate the boy, but before this happened he had become extravagant himself. Later, when he had grown rather to hate the others, it was a bribe to patience for him that they were at any rate nice about Morgan.

Pemberton se sucede en odios y amores para con su pupilo y para con la familia y no parece esclarecer sus sentimientos ni establecer el patrón moral con el que medir a esta banda de gitanos o a sí mismo. Poco a poco empezará a vislumbrarse la tragedia que acontecerá al niño – poco a poco estos amores por parte de la familia  empezarán a convertirse en formas disfrazadas de desentenderse del chico de desembarazarse de él que – como ya vamos adivinando – contaminarán inexorablemente la relación pupilo-tutor que no se verá libre del contagio del mal.

It was strange to reconcile the appearance, and indeed the essential fact, of adoring the child with their eagerness and to wash their hands of him. Did they want to get rid of him before he found them out? Pemberton was finding them out month by month.

Pemberton – se nos indica- ha comenzado a darse cuenta de la situación anómala que se da en el seno de los Moreen. Esta observación del narrador omnisciente la compartirá el lector poco a poco y lo llevará mas adelante a extrañarse al encontrar actitudes similares en el mentor. Pemberton también estará tentado de librarse de Morgan.

Capítulo III

A partir del Capítulo III se sucederán diálogos con Morgan y con su madre que nos adentrarán en este característico universo de ambigüedad moral

Do you like it, you know –being with us in this intimate way?

My dear fellow why should I stay if  I didn’t?

How do I know you’ll stay? I’m almost sure you won’t very long.

“I hope you don’t mean to dismiss me”, said Pemberton.

Morgan debated, looking at the sunset. “I think if I did right I ought to.”

“Well, I know I’m supposed to instruct you in virtue; but in that case don’t do right.”

Este tipo de diálogo ingenioso será corriente entre pupilo y mentor y no deja de estar dentro de la tónica predominante en la obra de no decir las cosas por su nombre, de imprimir a todas las situaciones este aire de indefinición y ambigüedad. Aquí – aún cuando con ironía – Pemberton sugiere que en situaciones especiales tal vez sea mejor no ‘do right’.

Inmediamente a continuación Morgan pregunta

“Do you like my father and my mother very much?”

“Dear me, yes. They’re charming people”

They received this with another silence; then unexpectedly, familiarly, but at the same time affectionately, he remarked : “You’re a jolly old humbug”

Aquí Pemberton es pillado por su pupilo (y por el lector pues ya sabe desde el capítulo anterior que los tiene catalogados y que los llegará a odiar) en un desliz moral – literalmente mintiendo- pues había quedado claro que Pemberton desaprobaba la tendencia de los padres de desentenderse del chico.

El narrador-observador-personaje termina reconociendo que esta situación marcará un punto de inflexión en la relación pupilo-tutor

It produced for Pemberton an embarrassment; it raised in a shadowy form a question – this was the first glimpse of it – destined to play a singular and, as he imagined, owing to the altogether peculiar conditions, an unprecedented part in his intercourse with his little companion.

Una vez más toda elección del lenguaje es conducente a lo vago y ambiguo, apuntando preguntas borrosas, primera miradas, condiciones peculiares, papeles sin precedentes a jugar por parte de los actores que marcarán su relación.

Lo más ambiguo moralmente es que Pemberton de seguida se justifica diciéndose a sí mismo que todo este proceder suyo surge tan solo de su necesidad de inducir en Morgan la idea de que no debe faltarle el respeto a sus padres – sensación por otro lado que el lector- al igual que Morgan- no extrajo de sus palabras.

What had added to the clumsiness then was that he thought it his duty to declare to Morgan that he might abuse him, Pemberton, as much as he liked, but must never abuse his parents.

Como vemos esta solución tampoco nos saca del camino fangoso de la indefinición moral. Siempre volveremos a lo largo de lo que resta de conversación a este tipo de situación moralmente ambigua.

Capítulo IV

En este capítulo habiendo pasado otro año más en la  relación del tutor y su pupilo y caído en desgracia económica la familia, todos malviven en Paris, lo que no impide que Pemberton y Morgan disfruten de Notre Dame o Les Invalides.

En uno de estos memorables párrafos se nos explica, a través de la mirada de Pemberton, la lógica de Mrs. Moreen

Morgan was dear to his mother, but he never was better dressed than was absolutely necessary – …….Mrs. Moreen shrewdly forebore to renew his garments. She did nothing that didn’t show, neglected him because he escaped notice, and then, as he illustrated this clever policy, discouraged at home his public appearances. Her position was logical enough – those members of her family who did show had to be showy.

Este pasaje nos indica como Morgan y Pemberton están siendo desplazado de la vida social de la familia y por lo tanto no serán acreedores a un buen vestir a la vez que va dejando cada vez mas clara la poca estatura moral de Mrs. Moreen.

En este capítulo surgirá la primera exigencia del pago del dinero que le deben por parte de Pemberton- y que lo irá aproximando a ese estatus cuasi-carencial en lo moral a la vez que lo irá apartando de el estoicismo altruista de estar con Morgan por que lo considere su obligación moral –   y por parte de Mrs Moreen el primer uso de la estrategia de dar vuelta las circunstancias para mostrar que Pemberton en realidad no merece ser pagado pues está disfrutando de la presencia de su pupilo y de la generosidad de sus padres al mantenerlo con ellos.

…she thought all the while they were getting on so beautifully. Pemberton’s reply to this revelation was that unless they immediately put down something on account he  would leave them on the spot and for ever.

…….

“You won’t, you know you won’t – you’re too interested.” She laughed with almost condemnatory archness, as if it were a reproach –

Debemos inferir que a los ojos de Mrs. Moreen la posición de Pemberton no solo no es extremadamente generosa al seguir con ellos sin haber cobrado prácticamente nada, sino que es interesada.  Esta declaración de Mrs. Moreen y las reflexiones que al respecto le merecerán a Pemberton lo llevan a concluir que

He had simply given himself away to a band of adventurers….it pointed out a moral, and Pemberton could enjoy a moral. The Moreens were adventurers not merely because they didn´t pay their debts, because they lived on society, but because their whole view of life, dim and confused and instinctive, like that of clever colour-blind animals, was speculative and rapacious and mean.

Es ésta una reflexión final y definitiva – una definición clara al fin – de la  familia Moreen por parte de Pemberton.  Están lejos de ser humanos, se les compara con animales daltónicos, con bestias rapaces, pero también poseen aquellas cualidades que por terribles solo pueden pertenecer a los hombres : son especulativos y egoístas. Queda claro pues quienes son y que Morgan había esbozado ya estas cualidades en su lamentable familia – es más con su típico presagiar James nos adelanta :

When this truth became vivid to their ingenious inmate he remained unconscious of how much his mind had been prepared for it by the extraordinary little boy who had now become such a complication in his life. Much less could he then calculate on the information he was still to owe the extraordinary little boy.

Morgan es más inteligente que Pemberton- lo prepara para entender, le advierte de ciertas cosas –  o tal vez suceda que el chico no deja de formar parte de esta familia de aventureros y por la misma razón está jugando con su tutor dejándole saber algunas cosas ahora, y otras después. Revelándole como lo hará en el capítulo VI que una niñera que había tenido de pequeño había pasado por el mismo trance que Pemberton- cosa que aún no se atreve a contarle.  Sin embargo se nos dice que Pemberton permanece inconsciente de este ‘teje y maneje’ de los Moreen.

¿Como lectores debemos pues inferir que la inocencia de Pemberton le quitará parte de su responsabilidad final en la muerte del chico?

Es de señalar otro punto importante que se nos adelanta : el chico a empezado a ser una complicación en la vida de su tutor. Empezamos a contemplar junto con Pemberton la necesidad imperiosa de alejarse de este ambiente opresor y de empezar a vivir su vida que aún es joven y que de alguna manera se concretará cuando Pemberton se vaya a trabajar a Londres.

Capítulo V

Es éste un capítulo revelador de la personalidad no solo de los Moreen sino también de Pemberton, que como hemos señalado empezará a contaminarse de sus formas, y hasta contemplará la posibilidad de descubrirle a Morgan las malas artes de su familia e irse abandonándolos a su suerte.

Comienza el capítulo cuestionando Pemberton la idoneidad de tocar con su pupilo un tema tan filoso como el de su situación en la familia.

But it was during the ensuing time that the real problem came up – the problem of how far it was excusable to discuss the turpitude of parents with a child of twelve, of thirteen, of fourteen.

Absolutely inexcusable and quite impossible it of course at first appeared; and indeed the question didn’t press for some time after Pemberton had received his three hundred francs.

Empieza a tomar forma en la mente del lector que el tema de dinero es importante – de hecho lo ha sido siempre desde el comienzo del primer capitulo – aunque la exquisita relación entre pupilo y tutor muchas veces lo soslaye. Pemberton duda en confesarle a Morgan en que condiciones está como su tutor pero lo posterga pues recibe algo de dinero. Moralmente todo este planteamiento no satisface al lector pues quisiera que Pemberton no tuviera estos sentimientos tan mundanos, quisiera que su relación con el pobre Morgan no estuviera contaminada por algo tan prosaico. Mas adelante Pemberton se alegra de que la familia esté alquilando unos aposentos muy precarios pues en caso contrario habría aún menos dinero para él.

…the rooms they wanted, were generally very splendid; but fortunately they never COULD get them – fortunately, I mean, for Pemberton, who reflected always that if they had got them there would have been a still scantier educational fund.

Aquí James – o el narrador omnisciente –  nos guía en nuestra valoración de Pemberton al adentrarnos desde una perspectiva externa en su mente.

Aún una segunda vez Pemberton atacará en pos de su dinero a los Moreen

He cornered Mr. and Mrs. Moreen again and let them know that if on the spot they didn’t pay him all they owed him he wouldn’t only leave their house but would tell Morgan exactly what had brought him to it.

Como vemos, Pemberton se decide por lo que antes consideró impropio, exigir su dinero y en caso de no obtenerlo irse, explicándole a Morgan toda la verdad. Nuestro tutor sigue descendiendo moralmente – aún cuando se nos empuja a entenderlo y a justificar su comportamiento. De aquí la ambigüedad moral que tanto comentamos y que se mantiene durante toda la obra hasta el mismo final.

Como respuesta Mrs. Moreen le traerá otros cincuenta francos y surgirá entre ellos una conversación muy reveladora

What Mrs. Moreen’s ardour now bore upon was the design of persuading him that in the first place she was very good-natured to bring him fifty franc, and that in the second, if he could only see it, he was really too absurd to expect to be paid………….Wasn’t he paid above all by the sweet relation he had established with Morgan –

El desarrollo de la conversación llevará al maestro a aceptar la propuesta de Mrs. Moreen – aún cuando él lo considere una forma chantaje – de que siga con ellos bajo la forma de prestación gratuita de servicios a cambio del privilegio de poder seguir disfrutando de la compañía del muchacho.

Es curioso como la actitud de Mrs. Moreen y su planteamiento a todo juicio absurdo es aceptado prácticamente en el acto por Pemberton – quedando lejos sus pretensiones de remuneración aun cuando no así su intención de contar a Morgan su verdadera situación.

“That leaves me more free” said Pemberton

“To poison my darling’s mind” groaned Mrs. Moreen

“Oh your darling’s mind- ¡” the young man laughed.

 ………….

“You may tell him any horror you like¡”

Con esta conversación se sucede la condición de víctima y verdugo, de chantajista y chantajeado de uno a otro y, por supuesto, James logra una vez más que reine la ambigüedad moral en todo el pasaje.

Capítulo VI

En este capítulo – después de algunas dudas – pupilo y maestro se sincerarán. Morgan le confesará que conoce la verdadera situación de Pemberton pues no es la primera vez que tal situación se da en su entorno. Zenobie, su niñera, había pasado por el mismo trance.

“They thought she’d stay for nothing” ….”She did stay very long, as long as she could.”…..”She told me it was their idea. So I guessed, ever so long ago, that they have had the same idea with you.”

Si todo este pasaje goza de ambigüedad en lo relativo a la moral – por parte de uno y otro – más sorprendido nos dejará el siguiente en el cual la relación inicial entre pupilo y maestro que podíamos representar por

DINERO POR MORGAN

ahora se convertirá en

DINERO PARA MORGAN

“We ought to go off and live somewhere together,” the young man said.

“I’ll go like a shot if you’ll take me.”

“I’d get some work that would keep us both afloat,” Pemberton continued.

La conversación derivará en el enjuiciamiento por parte del chico de sus padres:

“They leave me with you altogether. You’ve all the responsibility”

y en la mentira –piadosa o no – una vez más de Pemberton:

“Except for  the little matter we speak of  they’re charming people,” said Pemberton.

El lector se pierde en esta vorágine de entrega por parte de tutor hacia su pupilo, de búsqueda de lo que es justo para ambos, de adivinar cual será la reacción de cada uno de ellos, y por sobre todas las cosas, de lo que como lector, como persona imparcial, debe considerar justo.

Inmediatamente Pemberton constata para sí que Morgan carece de la bajeza de sus padres y se pregunta como lo había hecho antes – en el capítulo II  cuando reflexiona sobre  ‘the far jumps of heredity’ – por la razón que hace que Morgan no posea las terribles cualidades de sus progenitores.

…a temper, a sensibility, even a private ideal, which made him as privately disown the stuff his people were made of.

Estas reflexiones nos acercan a Morgan y una vez más nos aseguran, por si antes había habido dudas, que es un muchacho intachable. Este revelador capítulo también nos llevará a la idea clara que tiene Morgan de su familia, aunque al igual que el lector no lo conoce absolutamente todo.

“I don’t know what they live on, or how they live, or WHY they live¡ What have they got and how did they get it ?…What the dickens they want to pass for?

Pero sí sabe que, sea cual fuere el motivo que los guia, la suya es una vida de hipocresía. Finalmente Morgan se pregunta y le pregunta a Pemberton por qué permanece con ellos …y se contesta que Pemberton debe tener su propia ‘idea’

“Oh you’ve got your idea”

“My idea?”

“Why that I probably shan’t make old –make older – bones, and that you can stick it out till I’m removed.”

Este juego en el que el engañado pasa a ser el que engaña y vice-versa , acabará por poner entre maestro y pupilo las cosas en claro

“Ah now that we look at the facts it’s all right”

Capítulo VII

En la misma tónica el Capítulo VII nos narra como Pemberton consigue un nuevo trabajo y – en principio bajo un acuerdo tácito de labrarse un porvenir para Morgan– abandona a los Moreen.

El lector se preguntará, sin embargo, hasta qué punto esto será cierto y hasta qué punto no estará – haciendo uso de todo su derecho – escapando a la terrible situación.

Capítulo VIII

Es este un capítulo clave – el del desenlace final – en el cual se plantean dudas que hasta cierto punto el lector solo se podrá contestar si hurga en su fuero íntimo y reconoce un patrón moral.

Pemberton está felizmente trabajando para una familia en Londres y recibe carta de Mrs. Moreen rogándole que vuelva pues Morgan está muy mal. Lo que primero se le ocurre al lector es que es mentira, es decir otra estrategema de Mrs. Moreen. Sin embargo, Pemberton no parece ponerlo en duda, aunque más tarde sabremos que intentó cerciorarse de ello mediante cartas a Morgan que éste no contestó.  Cuando abandona todo y llega a Paris se encuentra a un Morgan exultante y se indigna

“Dreadfully ill – I don’t see it¡ “ the young man cried. And then to Morgan: “Why on earth didn’t you relieve me? Why didn’t you answer my letter?”

Lo ambiguo en todo este capítulo empezará por plantearse al preguntarse el lector por qué Pemberton no sospecha que todo puede ser una farsa de Mrs. Moreen. ¿No ha actuado ella siempre con engaños? Vemos como acusa a Morgan y que éste le asegura que contestó todas sus cartas y por ende no debe de haber recibido la que se refería a su enfermedad – lo que nos congracia con el chico. Por otro lado, también podemos sospechar que Morgan – tan listo e informado de los trapicheos de sus padres – supo de ello y prefirió que Pemberton volviera a sacarlo de engaños. Las

dudas están ahí sin resolver, y es que el autor nos ha llevado de la mano hasta este grado de ambigüedad que nos deja inermes en un universo de incógnitas.

Mrs. Moreen se defenderá de las acusaciones de falsedad y surgirá la posibilidad de que tutor y pupilo se vayan a vivir solos – aunque ahora Pemberton haya perdido su  trabajo. Mrs. Moreen les asegura, sin embargo,  que su marido no lo permitirá. Finalmente Mrs. Moreen plantea dejarse de experimentos tontos y que todo siga como antes de la partida de Pemberton.

..and we won’t have any more silly experiments, will we? They’re too absurd. It’s Mr. Pemberton’s place – every one in his place. Your in yours, your papa in his, me in mine – n’est-ce pas cheri? We’ll all forget how foolish we’ve been and have lovely times..”

Pemberton, a su pesar,  no lo tiene tan claro

..the suggested amendment didn’t keep his heart  rather from sinking, any more than it prevented him from accepting the prospect on the spot.

Y Mrs. Moreen a todo esto comienza a adelantar que pueden haber cambios en la familia.

Mrs. Moreen threw out more hints about the changes that were to be looked for..

Pemberton se hospedará en una habitación aparte, y se nos explica que esto agrada a Morgan pues favorecerá el momento de la escapada, como si de un libro de aventuras para niños se tratara, con Pemberton. Pero hay algo en el aire que aún no podemos – al igual que Morgan – aclarar. El foreshadowing sigue funcionando y nos prepara a nosotros y a Morgan para lo que vendrá-

….their long probation was drawing to a close. Morgan’s conviction that the Moreen’s couldn’t go on much longer kept pace with the unexpected impetus with which, from month to month, they did go on.

Sin embargo la situación no tardará mucho en tocar fondo. Unos meses después del regreso de Pemberton y luego de un paseo habitual con Morgan, al regresar al hotel, pupilo y maestro se encuentran una escena lamentable donde queda evidente que han sido echados por sus caseros. Este hecho afecta terriblemente a Morgan

When Morgan took all this in – and he took it very quickly – he coloured to the roots of his hair. He had walked from his infancy among difficulties and dangers, but he had never seen a public exposure….the tears had rushed into his eyes and that they were tears of a new and untested bitterness.

Parece que el agravio público afecta más a Morgan que el que desde siempre había sufrido en silencio – nos preguntamos por qué? Pero los acontecimientos se suceden rápidamente y veremos

…how the great change had come, the dreadful bolt had fallen, and  how they will all have to turn themselves about.

Palabras claves que anticipan y nos preparan para lo peor. Cada uno de los personajes tendrán que por fin definirse, también Morgan y Pemberton, y todo ello tendrá sus efectos irreversibles. Los Moreen explican – según sus convenciones invertidas –  que ya que Pemberton había hecho del chico algo tan suyo, lo deberá proteger bajo su responsabilidad ahora que ellos necesitan más tiempo y libertad para dedicarse a sus asuntos largamente descuidados. Entonces Morgan comprende

Morgan had turned away from his father – he stood looking at Pemberton with a light in his face. His sense of shame for their common humiliated state had dropped; the case had another side – the thing was to clutch at THAT. He had a moment of boyish joy,….the turn taken was away form a GOOD boy’s book – the “escape” was left on their hands.

El giro finalmente fue dado y somos testigos de  la reacción de Morgan que pasa de las lágrimas al sentirse abandonado por la familia hasta la felicidad ante la perspectiva de una vida nueva con su apreciado maestro. No habrá, sin embargo, mucha tregua para la alegría pues inmediatamente James pone a prueba la sagacidad del lector ante la reacción de Pemberton, que deberá ser observada  con mucho detenimiento si no queremos perder su profundo alcance.

The boyish joy was there an instant, and Pemberton was almost scared at the rush of gratitude and affection that broke through his first abasement. When he stammered “My dear fellow, what do you say to THAT?” …but there was more need for courage at something else that immediately followed and that made the lad sit down quietly on the nearest chair. He had turned quite livid and had raised his hand to his left side.

Si el lector no está muy atento fallará en advertir esa otra cosa que sucede y para la que tendrá que existir coraje . Y ello no es otra cosa que la vacilación de Pemberton que siente miedo y por un momento lo deja traslucir. El chico de extrema sensibilidad y conocedor de los intersticios psicológicos de su mentor, acusa el golpe y ello acabará con su vida.

“He couldn’t stand it with his weak organ” said Pemberton – “the  shock, the whole scene, the violent emotion.”

“But I thought he wanted to go to you” , wailed Mrs. Moreen.

“I told you he didn’t, my dear,” her husband made answer.

Todos reaccionarán desentendiéndose y echándose mutuamente la culpa, pero Morgan , el inocente, no vivirá para comprenderlos.

Es este último acto catártico el que produce en el lector la revelación final, la pieza que encaja y que hace que el rompe-cabeza cobre  sentido. Lo moral debe establecerse de forma clara, no podrá existir vacilación alguna si queremos preservar la inocencia.

PARTE III

EL MÉTODO ESCÉNICO Y SU ETAPA  DE NIÑOS INOCENTES

1 El Método escénico

En 1890, año en que escribió The Pupil,  James obtuvo el encargo de escenificar The American (1877) con el cual obtuvo cierto éxito- lo que no le vino mal pues sus últimas novelas The Princess Casamassima (1886) y The Tragic Muse (1890) no había obtenido una respuesta muy esperanzadora.. James estaba preocupada de que a este paso no podría vivir de su literatura y creyó ver en el teatro una oportunidad de asegurar lo que él llamó ‘real freedom for one’s general artistic life’[3]

Así fue que escribió tres comedias en los años siguientes, aunque no encontró productor para escenificarlas. Finalmente descansó todas sus esperanza en Guy Domville, un drama de costumbres ambientado en la Inglaterra del siglo dieciocho y que trata de un joven católico que se debate entre su vocación religiosa y la obligación, ante la muerte de su hermano, de casarse y continuar el apellido familiar. James había puesto todas sus esperanzas en la obra y fue abucheado personalmente al salir al escenario al final de la obra. Todavía resonaban en sus oídos los aplausos de la obra de Wilde que acababa de ver : An Ideal Husband, y este fracaso personal lo hizo abandonar para siempre su vocación como dramaturgo.

Sin embargo dos conexiones con el tema que nos atañe podemos extraer de esta malograda experiencia : la influencia que el método escénico tuvo en su obra y la inclinación en la etapa inmediatamente posterior de escribir sobre niños y jóvenes.

1.1 La influencia del método escénico

Ya en The Pupil vemos la estructura del método escénico pues, aún cuando fue anterior a su fracaso como dramaturgo, ya estaba adaptando The American. La historia se desarrolla en una serie de escenas o encuentros dramáticos entre los personajes principales y cuyos diálogos albergan el motivo que es relevante para EL argumento. Son diálogos cargados de vaguedad o ambigüedad y que requieren del lector mucho afán de interpretación, pues están siempre vistos desde la conciencia del personaje central –  ‘central intelligence’ o ‘sentient center’  como a veces se le llamó- y por lo tanto, cada escena de la novela será reveladora de algún aspecto nuevo del personaje del cual el lector0 deberá distanciarse si quiere valorarlo e interpretarlo correctamente. Todas  estas características, las observamos en The Pupil y las hemos señalado en nuestro análisis en la Parte II de este trabajo.

Muchas de estas escenas también poseen la cualidad, por así decirlo, del tiempo real, al igual que en el teatro naturalista. Un ejemplo de ello en The Pupil es todo el capítulo I – el primer encuentro de Pemberton con Mrs. Moreen y Morgan – y que perfectamente podría ser la Escena I de una obra de teatro.

Este método, en su época, representó todo un cambio, pues James se inclinó más por ‘mostrar’ que por ‘contar’ . Es decir, en lugar de las extensivas explicaciones y descripciones por parte del autor que eran tan comunes en la literatura del siglo diecinueve James aparece poco en sus obras y solo nos llegan las impresiones del personaje central. Como consecuencia directa de ello, el esfuerzo interpretativo que se le requiere al lector es equivalente al esfuerzo que experimente el personaje central de la obra.

James creyó lograr así una mayor intensidad y efecto en sus obras que pretendió lo alejaran de los que llamó  ‘loose baggy monsters’ de la ficción clásica de la época. Así lo confesó en su Notebook  alrededor de 1897:

‘When I ask myself what there may have been so show for my long tribulation, my wasted  years and patiences and pangs, of theatrical experience, the answer comes up as just possibly this : what I have gathered from it will perhaps have been exactly some such mastery of fundmental statement – of the art and secret of it, of expresión, of the sacred mystery of structure.’[4]

2.  La Etapa de Niños Inocentes

Debido a este método subjetivo de representar la experiencia la obra de James se presta a un análisis psicoanalítico. Leon Edel , biógrafo de James, supo ver varias interpretaciones psicoanalíticas de su obra. Una que nos puede interesar en este estudio es la simetría que creyó entrever entre este momento tan angustioso de su carrera literaria – su fracaso teatral – y su interés por la niñez – pintándonos en varias de sus obras la exposición inerme de la inocencia frente a lo decadente y perdido del mundo adulto.

Leon Edel creyó ver mucho de James en Maisie,

Maisie’s bewilderment and isolation is James`s ….but the world’s cruelty and hostility are recreated into a comic vision of benign childish curiosity.

What Maisie Knew es por sobretodo la historia de una niña inocente y generosa cuyos padres toman como campo de batalla en el discurrir de su divorcio y que llega a aceptarlo todo, permaneciendo como espectadora de unas vidas casi ajenas, hasta que al final deberá elegir sus futuro y tal vez en esta última decisión perderá su inocencia, morirá el niño que lleva dentro, teniendo que actuar como una mujer.

Sir Claude – uno de los personajes- de la novela –dice hacia el final de la obra:

“One would think you were about sixty…”

Maisie contrastará en su inocencia con el comportamiento abominablemente amoral de sus padres, pero en el proceso de maduración perderá esa condición angelical que la caracteriza durante casi toda la obra.

También Miles , el pequeño de The Turn of the Screw,  sufrirá  las consecuencias de los defectos de los adultos. Tanto su padre que lo abandona a manos de unos criados cuando menos ignorantes o, como en el caso de Quint decididamente malignos. Se ha escrito mucho sobre la institutriz de Miles y Flora y parece prevalecer la idea de que era una persona desequilibrada que imagina – debido a sus neurosis – los fantasmas. Ello no quita intensidad a nuestra teoría de que lo que James nos está advirtiendo es que debemos seguir patrones morales muy serios, por sobre todas las circunstancias cuando los inocentes están por medio. La corrupción puede venir en forma consciente o inconsciente – ello no afectará el resultado final.

En The Awkward Age las dos vírgenes ansiosas sufrirán las vicisitudes interpuestas por los adultos y en In the Cage la heroína terminará derrotada por las circunstancias de una sociedad corrupta teniendo que resignarse a una vida por debajo de sus expectativas.

Esta fórmula ‘corrupción-inocencia’, a veces ‘moralidad-inmoralidad’ otras ‘lo que esta bien hecho-lo que está mal hecho’ que aparece tan interrelacionada por vínculos extremadamente delicados dará lugar a circunstancias de ambigüedad moral. Y es que en la vida, como en la literatura de James, es la perspectiva desde la cual cada personaje observa y actúa lo que prevalece. Ello nos adentra en un mundo de incertidumbres donde nada es blanco o negro. Donde debemos suspender los juicios hasta haber primero interpretado en cada caso cual debe ser el patrón moral a seguir. James intenta al menos llamar nuestra atención sobre tan filoso tema, que en sus propias palabras es

‘the close conexión of bliss and bale, of the things that help with the things that hurt, so dangling before us for ever that bright hard medal, of so strange an alloy, one face of which is somebody’s right and ease and the other somebody’s pain and wrong’.[5]

Todos los personajes infantiles o jóvenes de James se caracterizan por poseer una sensibilidad extrema – como en el caso de Morgan –  la misma  ‘extreme sensibility’ que James atribuye a los escritores en su ensayo The Art of Fiction.

Todos estos niños inocentes – de extrema sensibilidad – parecen para Leon Edel identificarse con el propio James maltratado ya no por el mundo adulto pero si por la sociedad – auditorio que no lo sabe interpretar.

Sea como sea, esta relación inocente-corruptor servirá maravillosamente a James para plasmar en su literatura esta visón moral tan suya y sin la cual consideraba que la literatura no tenía razón de ser.

PARTE IV

RELACIÓN ENTRE DINERO Y AMBIGÜEDAD MORAL EN LAS OBRAS DE JAMES.

The Pupil, es, entre muchas otras cosas, acerca de dinero. El dinero es un tema, que aunque no aparece en primer plano, si subyace a lo largo de toda la obra. Los Moreen viven sin dinero, pero Morgan hace cábalas acerca del tema y Pemberton sufre por él. Es decir, está ahí, subyacente.

En las primeras líneas del relato nos aparece el caballeroso tutor de Morgan al cual vemos ansioso pues necesita el puesto de trabajo para vivir. Ha estudiado en Yale y luego en Oxford y sus arcas están vacías :

..when as yet one’s university honours had, pecuniarily speaking remained barren.

Sin embargo no considera decoroso tocar el tema de su retribución directamente.

The poor man hesitated and procrastinated: it cost him such an effort to broach the subject of terms.

Es que Pemperton está criado y educado con el código de la época, que justamente James está analizando y al que aplica su crítica. La gente refinada del final del siglo diecinueve no debían hablar de dinero y el hecho de no hablar de ello daba por supuesto que el tema no era importante pues el dinero afluía a las cuentas bancarias de forma constante y un tanto enigmática. James sin embargo nos dice :

…..he would have liked to hear       (la cifra de su retribución)

La señora Moreen es reacia a tocar el tema del dinero pero el lector comienza a darse cuenta que este rechazo no se debe a su refinado desagrado en tratar temas tan mundanos sino que es una estratagema de evasión.

James nos pinta a las Sra. Moreen como la dama

…who sat there drawing a pair of soiled gants de Suede through  a fat jewelled hand and, at once pressing and gliding, repeated over everything but the he would have liked to hear

Con esta imagen James nos está diciendo que la Sra. Moreen no es sincera en cuanto a su pertenencia a la alta sociedad. Sus guantes aunque se nombren en francés están manchados y muy faltos de chic aristocrático.

El narrador de James, que continuamente entrará en la mente de Pemberton y que por momentos es él, verá a la familia como una banda de gitanos. Ni siquiera Morgan, que es el observador más cercano que tiene la familia puede entender de donde sale el dinero que apenas se menciona :

I don´t know what they live on, or why the live¡

La pregunta no la puede contestar nadie, el misterio de donde sale el dinero es impenetrable. A lo largo de la obra la Sra. Moreen y Pemberton tendrán algunos encuentros donde el tema del dinero saldrá a relucir y estas veces ya ambos habrán olvidado que no es elegante mencionarlo.

Cuando ya es obvio entre Morgan y Pemberton que el tutor ha sido engañado por sus empleadores y no está siendo retribuido por sus servicios, Pemberton le llega a decir a Morgan un tanto descuidadamente

We ought to go off an live somewhere together..

Cuando se decide a coger otro trabajo comenta

..I’ll make a tremendous charge : I’ll make a lot of money in a short time, and we’ll live on it

Aquí una vez más el dinero aparece. Antes pretendía ganar dinero cuidando a Morgan, ahora pretende ganar dinero para mantener a Morgan.

El drama se desencadenará cuando debido a que abandona a su nuevo pupilo para volver junto a Morgan alarmado por la falsa enfermedad, ya no poseerá dinero para mantenerse él ni a su pupilo.

Paradójicamente aunque James es criticado por el alejamiento de sus personajes de lo material, The Pupil nos muestra como claramente esto no es así, es más, no es la única obra donde subyace el interés material de los personajes. En The Wings of the Dove, por ejemplo los protagonistas deben contener sus sentimientos pues no disponen de dinero. Esta carencia cambiará sus vidas y en definitiva arruinará un amor sincero. En The Spoils of Poyton, unas antigüedades atesoradas por la Sra. Gereth cambiará la vida de los personajes principales. En The Aspern Papers el protagonista también pretenderá venderse en matrimonio por un “tesoro”. Hasta en In the Cage, la protagonista pretende formar parte de una sociedad donde Everand o  Bredeen tienen dinero a diferencia de ella misma y de su empobrecida familia. The Pupil nos muestra como toda la familia de Morgan se mueve con criterios conducentes a casar a sus hijas con unos buenos partidos.

Es obvio que James estaba muy preocupado en analizar las motivaciones materiales por las cuales los hombres y mujeres hipotecan sus principios y sus ideales; en esa eterna lucha que es la vida humana entre lo que nos hacen creer que necesitamos y lo que realmente nuestro espíritu necesita. La forma en la que James mejor supo contar estas tribulaciones está generalmente basada en técnicas como la ambigüedad moral que sobretodo magistralmente utiliza en The Pupil.

CONCLUSIÓN

Además de disfrutar de una larga y productiva carrera como novelista, James fue un escritor prolífico de relatos cortos o tales. Consideraba que esta forma era la idónea para la concentración dramática que fue su pasión. A medida que fue creciendo como escritor más usó esta forma literaria que le sirvió para examinar presiones y conflictos peculiares. The Pupil le sirve para analizar los conflictos morales. Pero la técnica que utiliza Henry James se basa en la ambigüedad, es esta expresa ambigüedad moral lo que nos alertará acerca de la necesidad de guiarnos por patrones morales sólidos.

Nuestro estudio nos lleva a concluir que para James lo moral es ineludible, cualquier forma de minimización de su importancia es peligrosa. Si la actitud en este caso del adulto es ambigua moralmente, el niño inocente la detectará aún en su ínfima expresión, como ocurre en el caso de la vacilación de Pemberton al final de la obra que nos ocupa. El doble drama en The Pupil será que Morgan llegará a aceptar la hipocresía y falta de moralidad de sus padres pues aún le restaba el ejemplo moral del maestro. Cuando éste lo traicione ya no podrá continuar viviendo.

Morgan , como todos sus personajes niños, tiene mucho de James. James había sido un niño de hotel, de ambientes acomodados y que había dedicado su vida a asombrarse y a vagabundear. Para él la contemplación había constituido la acción. Morgan y Pemberton pasan sus años contemplando y en su contemplación viven y crean patrones morales. Los crean para seguirlos, no para transgredirlos, de ahí el desenlace.

Hemos analizado y concluido que esta ambigüedad moral no existe tan solo en Pemberton, también en Fleda, en la institutriz de The Turn of the Screw , en el protagonista de The Aspern Papers, o en Kate Croy y Merton Densher.

James tiene debilidad por lo implícito, lo tácito, las medias palabras, las insinuaciones, lo no dicho y esta manera de no decir, cuenta más que mil palabras. Esta forma ambigua le proporciona un ambiente idóneo para remarcar lo que más le importa. Y lo que más le importa en este relato es lo moral.

BIBLIOGRAFÍA

EDEL, Leon (1985) Henry James : A Life. New York : Harper Row.

PEROSA, Sergio (1983) Henry James and the Experimental Novel. New York University Press.

STOWE, William W. “Realism, the Drama of Consciousness and the text :  The Wings of the Dove” .Princeton : Princeton University Press.(1983).

1979 (1981) “The Pupil”; (1982) “The Real Thing”; (1903) “The Beast in the Jungle”. The Portable Henry James, M.D. Zabel (ed.). Penguin Books.

1992 (1884) The Art of Fiction.  Taller de Estudios Norteamericanos : Textos bilingües. (introd.. y Trad. M.A. Álvarez) León : Ediciones de la Universidad.

1987 (1897) The Spoils of Poynton, Penguin Books.

1985 (1897) What Maisie Knew. Penguin Books.

1984 (1899) The Awkward Age. Oxford University Press.

1984 (1899) The Wings of the Dove. Oxford University Press.

1983 (1914) A Small Boy and Others. Autobiography. F.W. Dupee (ed. Introd.), Princeton : Princeton University Press.

1979 (1881) A Portrait of a Lady. Penguin Books.

1987 (1961) The Complete Notebooks. Leon Edel & Liall H. Power (ed. Introd.).Oxford University Press.

1984 (1902) The Ambassadors. Oxford University Press.

Henry James etexts at Adrian Dover’s web site : In the Cage (1898)The purpose of this dissertation is to analyse moral ambiguity in one of Henry James’s finest middling-long stories, written when he was forty-seven and very much at the top of his game : The Pupil.

* Mathew Arnold poeta, ensayista y crítico literario inglés.1822-1888

[1] Henry James’ Moral Vision. Harold Beaver, ‘International Needs’ in the New Pelican Guide to English Literature 9. American Literature. 1991. Harold Beaver was Professor of American Literature at Amsterdam University and visiting professor at Denver University.

[2] Cita tomada de The Art of Fiction.

§ Whistler, James (Abbott) McNeill 1834-1903 pintor americano que residió en Inglaterra y Francia a partir de 1855.

¨ Wilde, Oscar 1854-1900 poeta, dramaturgo, ensayista y novelista irlandés.

[3] Leon Edel, The Life of Henry James (Harmondsworth,1977). Vol 2, p.15.

[4] The Notebooks of Henry James, ed. F.O. Matthiessen and Kenneth B. Murdock (New York, 1961). P.208

[5] Cita tomada del Prefacio de la Edición de New York de 1908.

[6] Henry James’ Moral Vision. Harold Beaver, ‘International Needs` in The New Pelican Guide to English Literature 9. American Literature, 1991. Harold Beaver was Professor of American Literature at Amsterdam University and visiting professor at Denver University.

[7] Taken from Henry James’ Preface to the 1908 New York Edition

Sucedió por Azar

paul auster
Publicado en la Revista Iguazú nº 28. Pg. 60 – Myriam Mercader

Paul Auster, poeta, escritor y cineasta norteamericano ha sabido establecer una peculiar relación con el Azar. Desde muy joven ha experimentado situaciones azarosas a las cuales decidió no buscar explicación racional sino simplemente aceptarlas por lo que son, materializaciones cotidianas de todo un mundo de interacciones que desconocemos en su gran inmensidad y que sin embargo de vez en cuando afloran por un instante y se dejan ver por aquellos que como Auster perciben que puede haber algo más que lo que prosaicamente nuestros sentidos logran apreciar.

            La obra de Auster exhibe un magistral y misterioso diseño de las más elegantes estratagemas, trucos, engaños y suerte de hélices de doble eje que el destino depara a sus siempre asombrados personajes. Su literatura se nos presenta con la exactitud de una pieza musical confrontada – y a la vez beneficiada – por  las tensiones de la existencia humana que mantienen al personaje siempre en la cuerda floja. Su mejor prosa tiene algo de la sutil comedia de Beckett y la ironía, inteligencia y humor de Borges, abundando en doble especulaciones sobre cuán solitaria y a la vez avasallada por multitudes un alma puede aparecérsenos dentro del paisaje extenso y mineral que nos  rodea.

           Flaubert escribió hace un siglo “Creo que la ficción del futuro existirá en algún lugar entre el álgebra y la música”; si hubiera agregado “sobre una base de emoción verdadera”  hubiese estado describiendo la noción que Paul Auster tiene del ser humano como instrumento – un instrumento original – tocado por la música del azar.  

            Desde muy joven Auster sintió esta atracción por lo que algunos llaman casualidad o azar y que él prefiere denominar contingencia. Hace muchos años, la cuñada de Paul Auster estaba enseñando inglés en Taipei cuando entabló conversación con otra joven americana. Pronto descubrieron en el correr de la conversación que ambas tenían hermanas que vivían en el mismo piso del mismo edificio en la misma calle de New York.  Cuando Paul Auster estaba escribiendo The Locked Room y ya había decidido que la última escena del libro sucedería en una casa de Boston: el número 9 de Columbus Square, tuvo necesidad de viajar a esta ciudad. Decidió que sería interesante hospedarse en la misma casa que había ficcionalizado para su obra ya que pertenecía a un buen amigo suyo. Una vez en Boston tomó un taxi y dio la dirección al taxista. Inmediatamente el hombre espetó una carcajada.  Resultó que había vivido en el mismo apartamento donde hoy el amigo de Auster tenía su estudio.  Parece ser que en los años cuarenta el edificio había sido un peculiar hostal y durante todo el recorrido el taxista le estuvo contando historias de la gente que entonces lo había habitado. Historias de prostitución, películas pornográficas y drogas. Auster confiesa que le resultó difícil no creer que se lo había inventado todo y que el taxista se había materializado desde las páginas de su propia obra de ficción. “Era como haber conocido al espíritu del lugar sobre el cual estaba escribiendo. El fantasma del 9 de Columbus Square,” escribió.

              Historias verdaderas como éstas y muchas otras aparecen en The Red Notebook o en Why Write? Sin embargo, Auster no solo las recopila en textos ex profesamente sino que forman parte innata de su literatura y sobre todo de su vida. Su novela The Music of Chance nos recuerda que el azar tiene su propia música y que su partitura nos envuelve sin que podamos desembarazarnos de ella. “el azar da forma a nuestra vida” dice Auster “lo inesperado ocurre con pasmosa regularidad,” “Los hechos riman” – continúa – “y la rima que crean cuando los observamos en su totalidad nos demuestra que cada hecho involucrado altera asimismo al que tiene próximo, como cuando dos objetos físicos se encuentran y sus fuerzas electromagnéticas no solo afectan la estructura molecular de cada objeto sino al espacio existente entre ellos. De esta misma forma dos hechos que riman establecen una conexión en el mundo agregando una nueva sinapsis que deberemos rastrear a través de la plenitud de nuestra experiencia”.

            Un periodista de Entertainment – Gregory Kirschling – que se entrevistó con Paul Auster en su edificio brownstone de Park Slope donde el escritor reside hace muchos años, cuenta que con motivo de su encuentro con Auster, llegó a desear, también él, protagonizar  algo azaroso, austeriano. Personalmente no tuvo esa suerte, sin embargo, Auster le explicó que unos días antes, cuando se disponía a mantener una reunión con otro periodista, un peatón se les acercó y sacando un libro de su bolso pidió a Auster que se lo firmara. Acababa de comprarlo, un libro suyo y así de repente, inesperadamente, Auster había aparecido en su camino. El ticket demostraba que no mentía. Auster rió y le comentó al periodista que no lo había planeado para impresionarlo, era tan solo una coincidencia.  

            Llevo estudiando la obra de Paul Auster muchos años y es tema de mi tesis doctoral, de tal forma que cuando decidí ir a New York con mi familia por primera vez no pude evitar la tentación de acercarme a Brooklyn, a la esquina de la Segunda con la Séptima Avenida donde Paul Auster reside – la misma esquina que aparece fotografiada en la portada americana de la novela The Brooklyn Follies. No deja de avergonzarme un poco lo baladí de la idea ante la cual, no obstante, sucumbí sin remedio. Todo era nuevo para nosotros y sufrimos varios contratiempos antes de dar con el lugar; en realidad llegamos mucho más tarde de lo previsto y nos dimos de bruces con el edificio casi sin darnos cuenta. Cuando giré la mirada para apreciar la majestuosa construcción de piedra marrón, en ese preciso instante, la figura un tanto encorvada y vestida de negro de Auster  apareció ante mi vista. Caminaba lentamente hacia nosotros, probablemente volvía a casa de comprar sus cigarrillos en un estanco próximo – como Paul Benjamin en su film Smoke. Venciendo mi instintiva timidez le saludé y le comenté lo extraño de la situación. También él tímidamente me dijo: “What can I tell you!” – qué puedo decir, esto me pasa continuamente.

             Afortunadamente, llevaba mi cámara y Paul Auster tuvo la amabilidad de dejarse retratar conmigo, pues de otra manera creería que me había traicionado la necesidad de que me sucediera algo austeriano, como al periodista de Entertainment. Siento un profundo agradecimiento a los incidentes fortuitos que retrasaron mi trayecto a Brooklyn ya que fueron los responsables de que también yo hoy forme parte de esos intrincados hechos que tejen la rima total del universo auteriano – un instrumento más tocado por la misma música del azar.     

En Brooklyn con Paul Auster


Epílogo :

Nota de Nuria Rita Sebastián, editora de la Revista Iguazú, en su blog.

Momento “Paul Auster”

Hoy por fin he podido quedar con Myriam Mercader, que ha publicado un artículo en Iguazú n.28 sobre su afortunado y casual encuentro con Paul Auster en Nueva York. Toda nuestra conversación, como no podía ser de otra manera, ha girado alrededor del azar y las cosas que suceden muchas
veces sin prestarles atención, pero que parecen llevarnos en una dirección clara. Así, he acabado hablándole de Casa Tía Julia (esa locura en la que me he metido) y es cuando ella me ha comentado que precisamente el personaje de la novela que está escribiendo se llama “Julia”, por ser un nombre muy vinculado a sus generaciones antepasadas. Por si no fuera poco, al hablarle de la pared empapelada de manera absolutamente kitch que yo quiero conservar igual (mejor dicho, no “igual”, sino que quiero conservar “el mismo”), me ha preguntado: “¿no será de color amarillo?” y
sí, claro, ese papel es de color amarillo (de flores amarillas). Entonces me ha citado el relato “The yellow wallpaper“, que yo no conocía y que a ella le ha venido a la cabeza cuando le explicaba sobre la casa. En fin, todo muy “Paul Auster”, con una cosa llevándonos a otra y tirando tan a gusto del
hilo. Nunca me cansaré de decir que estas conversaciones son lo que compensan todo el esfuerzo de seguir con Iguazú en marcha.